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Lo mejor después de los 40

   

A los 40, desde el mismo día que los cumples, te sientes diferente, caminas por las nubes y sabes que ya puedes mirar a las mujeres menores que tú con cierta autoridad. | DA

A los 40, desde el mismo día que los cumples, te sientes diferente, caminas por las nubes y sabes que ya puedes mirar a las mujeres menores que tú con cierta autoridad. | DA

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Por Rebeca Díaz-Bernardo

Padres, tías y abuelas suelen decir esta misma frase, y Mafalda, que es más lista que un ratón de armario, les contesta con aquella famosa réplica de: “¿Y pa’ qué nos hicieron venir con tanta antelación al mundo?”… Pero yo, que ya cumplí los 40 años hace un par de ellos, te voy a contar un par de cosas, porque a los 40, desde el mismo día que los cumples, te sientes diferente, caminas por las nubes y sabes que ya puedes mirar a las mujeres menores que tú con cierta autoridad, y a las mayores con esa complicidad que da pasar de la edad del pavo tonta y agotadora que tenemos las chicas desde que cumplimos los 15 hasta el día antes de ser cuarentayteras…

Para empezar, porque como venga alguien a llamarte cuarentona, que corra hasta que las patas le lleguen a la nuca porque ese calificativo murió en los 90 por acoso y derribo de cuarentayteras divinas, famosas o de calle de al lado pero jamonas y cachas, de pecho recolocado y de nalga trabajada en gimnasio, ya sea de barrio o de spa divino de la muerte.
Mujeres con minifalda anaobregonera o pelo rojo Carmen Alborch, de dientes perfectos o dentadura por corregir pero siempre blanca y con todas sus piezas en el lugar correspondiente. De mujeres, en definitiva, que han dejado de ser chavalitas que piensan en el prójimo que suele ser más bien el señor que vive o duerme con ellas, y han empezado a pensar en sí mismas por encima de todo lo demás porque una cuarentaytera a un hombre no lo espera casi ni para comer en su propia casa.

A partir de los cuarenta, la velocidad de crucero de nuestro reloj biológico solo es proporcionalmente perseguible por otras cuarentayteras fantásticas y por hombres de esa pasta que respetan, adoran y desean en sus vidas a una señora que ha dejado atrás los ojitos de coneja y los morritos de bebé.

He ahí otra razón, que es que ahora serás siempre y para siempre una señora en toda regla; antiguamente a las mujeres se nos denominaba señoritas por defecto para no ofender a nadie, y ante la corrección demostrando tu casamiento ya eras tratada de señora. Ahora, por protocolo es un poco al revés y vamos todas de señoras por la vida, pero solo, solo, únicamente a partir de los 40 te vas a sentir una auténtica señora en todas sus facetas, y si el camarero de turno se deja fiar de la minifalda, o el cartero se despista por tu chándal findesemanero y te llama mi niña, pibita, o niña, como que encima hasta te sienta mal y todo, porque tú ya eres una señora y quieres que todo el mundo te trate como tal.

Y una señora sabe lo que tiene que hacer en cada momento de su propia vida; antes decían que había que ser criada en la cocina, señora en el salón con las visitas y puta en la cama… y eso que en los años 70 los franceses que tenían muy mala leche con las españolas decían que nosotras éramos putas en la cocina, chachas en la sala con las visitas y señoronas en la cama; porque en aquellos años muchas españolas eran criadas en las casas burguesas francesas y la gran mayoría no tenía más remedio que dejarse meter mano por el señor, y eso normalmente era en la cocina, luego porque pocas españolas tenían criterio propio para mantener una conversación amena y por descontado porque a ninguna se le hubiera pasado por la mente desnudarse ni siquiera ante notario, y por eso aquello de señoronas, porque decían que éramos unas estiradas. Pero el cuento ya cambió. Porque la generación de las hijas de aquellas españolas tan supuestamente estiradas en el lugar equivocado ahora leemos hasta al degenerado de Grey y si le pillaran muchas de ellas lo dejaban bizco, entendemos de vibradores varios, compramos lencería de colores o incluso alguna sale a la calle sin ropa interior, estamos al tanto de todo lo que se lee, se escribe, se comenta y se lleva en el mundo mundial y no se nos escapa ni media porque para eso nos hemos tirado 39 años y 364 días preparándonos a conciencia, para el día C, el día que cumplimos los cuarenta.

Algunas como mi amiga Carmen dicen que volverían a los 20 pero sabiendo lo que saben ahora, y yo digo que eso es trampa; lo de los 20 que se quede en la caja del aprendizaje con lo de los 15, lo de los 30, los títulos académicos, los carnés de gimnasios, clubes, facultades e institutos, pasaportes caducados con visados a países exóticos, fotos con ex y cartas de ex y a ex, porque todo eso forma parte de la instrucción de la pedazo mujer que eres a partir del día en que cumples los 40, y para eso y por eso te hicieron venir desde tanto antes, querida Mafalda.