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La noche de Canarias – Por Jorge Bethencourt

   

Considerando que mi patria esta definida por la suela de mis zapatos, tengo muy poca motivación sentimental para sumarme a las celebraciones nacionales. Pero cuando el presente y el futuro se perciben tan negros, a la gente que está en la cola del paro o en la cuneta de la carretera de la prosperidad, se le abren las orejas para escuchar alternativas a su desolación. Es una evidencia que, mientras que en el pasado reciente se encuentra la fuente de todos nuestros errores, en la historia remota se encuentra fácilmente un argumentario épico que nos consuela de la triste realidad. Hubo algún tiempo en el que fuimos mejores. Y supuestamente felices. Analizando los datos macroeconómicos de Canarias, la celebración del día de esta tierra tendría que ubicarse en una funeraria. Todos los indicadores nos hablan de una depresión económica y social sin precedentes, del aumento de la brecha que nos separa de la media de riqueza con respecto al continente europeo de referencia y de una cifra de gente que busca empleo, sin posibilidad de encontrarlo, realmente aterradora. Si en esta tierra se utilizaran los sesos estaríamos preguntándonos desde hace tiempo cuáles fueron las decisiones que nos trajeron a varar en estas playas desérticas. En gran medida extraviamos el rumbo cuando decidimos desviarnos de las viejas libertades comerciales y fiscales que permitieron en las islas el florecimiento económico en épocas mucho más difíciles que las actuales. Canarias ha vivido momentos de enorme pobreza y hambruna, que forzaron a miles de personas a emigrar, pero de todas estas coyunturas salió esta tierra más fortalecida apelando a sus propios talentos y capacidades. Hemos creado una mastodóntica administración pública que interviene de forma exhaustiva en casi todas las actividades creadoras de riqueza. La apuesta por Europa nos fue rentable en tanto llegaron cientos de millones que nos permitieron acometer infraestructuras de las que carecían unas islas atrasadas. Pero no aprovechamos la época de las vacas gordas para construir una economía eficiente, sino un sistema cautivo de las transferencias de riqueza ajena. La independencia económica es mucho menos literaria que la política, pero más rentable. Hablar hoy de cualquier tipo de separatismo en un territorio que vive enchufado de forma permanente a un sistema de alimentación presupuestaria intravenosa, parece, más que un contrasentido, una burla cruel. Una burguesía extinta, una clase empresarial acomodada a las subvenciones, un sector turístico protagonizado principalmente por capitales foráneos, unos poderes públicos obcecados en practicar el intervencionismo y el dirigismo de los mercados… No sé si estamos para celebrar el Día de Canarias o más bien la noche. Esa noche en la que algunos duermen plácidamente sin conocer que la mayoría de los sueños, cuando no se trabajan, solo se roncan.