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¿Otra? – Por Francisco Pomares

   

El calendario tiene una evidente influencia en la agenda cívica: ahora los sindicatos canarios se proponen amagar con una huelga general contra Rivero, e intuyo que se les ha ocurrido porque estamos ya en primero de mayo, día de los currantes. Aparte de eso, yo no encuentro nada especial -distinto de lo que pudiera ocurrir hace seis meses- para convocar ahora esa protesta. El recurso a la huelga general debe ser utilizado con prudencia. Abusar de las convocatorias de huelga general acaba por convertir ese formato de protesta sindical y política en una chafalmejada. Durante la Transición, cuando algunos partidos de izquierda radical aún campaban a sus anchas y se creía que las masas estaban dispuestas a cambiar el mundo en siete días, pequeñas organizaciones marxista-leninistas convocaban huelgas generales cada dos por tres. Recuerdo una asamblea en la puerta del Paraninfo de La Laguna, con menos de 15 personas, en la que se celebraba el éxito de la convocatoria de una huelga general que ni siquiera logró cerrar la Universidad, que en aquellos tiempos cerraba por cualquier cosa. Luego la politización dio un paso atrás y los sindicatos tomaron el relevo. Desde entonces, se han convocado unas cuantas huelgas generales -más que en la mayoría de los países europeos en estos años-, pero no una cada tres meses. Si algo se ha demostrado con las últimas dos huelgas generales es que la huelga política no es hoy un recurso que cuente con gran respaldo ciudadano. Cuando escasea el trabajo, protestar dejando de trabajar no resulta atractivo. Y en Canarias, el trabajo escasea más que en ninguna otra región. En las últimas dos huelgas -sobre todo en la segunda-, el esfuerzo sindical no logró siquiera motivar a una función pública que empezaba a ser duramente castigada por la crisis.

Plantear una huelga de carácter regional ahora -cuando aún persiste el eco del moderado respaldo a la última- se me antoja un dislate. No digo que no haya motivos más que sobrados para protestar: Canarias es la región española con mayor índice de paro juvenil -el 69%-, y la tercera -solo superada por Andalucía y Extremadura- en desempleo total. En los últimos años se ha producido un grave deterioro de las condiciones laborales, una creciente pérdida del poder adquisitivo de los salarios y la voladura controlada del sistema de prestaciones por desempleo. La pobreza y la desigualdad galopan desbocadas.

Hay motivos sobrados para la protesta, pero dudo mucho que otra huelga general a medio gas contribuya a mejorar nada, mientras que la política sigue mirándose el ombligo y jugando al titular, contagiando ahora en esa práctica incluso a los sindicatos.