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Para alquilarse de risa – Por Jorge Bethencourt

   

La ola de liberalismo que nos invade corre peligro de asfixiarnos. La llegada de la doctrina Montoro al Gobierno de España ha implantado una cusiosa praxis tributaria que consiste en que un gobierno de derechas aplique todas las recetas fiscales de la socialdemocracia mientras responsabiliza a la izquierda de todos los males pasados del país. Pero Rajoy quiere ir más allá en el original viaje de los conservadores españoles hacia las tierras del intervencionismo. La nueva ley de alquileres que tiene en cartera el ejecutivo de la marca España tiene prevista la expresa prohibición a los ciudadanos de sus apartamentos y viviendas vacacionales. O lo que es lo mismo, que no se podrán alquilar las segundas viviendas durante los meses de verano, limitando su aprovechamiento para “uso turístico”. Ya se ha dicho, en numerosas ocasiones, que la Constitución considera la propiedad privada como un derecho relativo, supeditado al interés general.

Los padres del texto constituyente no consideraron el derecho a la propiedad como un valor absoluto sino subyacente al bien social. Lo tuyo es tuyo hasta que deje de serlo porque una mayoría considere lo contrario. Hasta ahora habíamos visto cómo ese derecho se abatía, por la vía expropiatoria, cuando las administraciones entendían que una casa o un terreno debía ser arrebatado a su propietario para construir una importante autovía, un puerto, un aeropuerto o un parque público, por poner. Pero como la jodienda no tiene enmienda, este Gobierno conservador -en el sentido de las sardinas en lata- ha decidido dar una vuelta de tuerca en la intervención asfixiante de la sociedad y se plantea, sin medidas compensatorias ni pepinillos en vinagre, disponer sobre los usos de la propiedad privada en el régimen de alquiler decidiendo, unilateralmente, a quién le puedes o no le puedes alquilar tu segunda casa, si la tienes. Miles de ciudadanos que invirtieron sus ahorros en el ladrillo, cuando los perros se ataban con chorizos, los gobiernos fomentaban la compra de promociones inmobiliarias y los bancos te metían los créditos por las orejas inflando las tasaciones como la vanidad de un político, se van a ver privados de la posibilidad de ganar unos duros para pagar las hipotecas de esas viviendas compradas en los tiempos de vino y rosas. Cabe la duda de saber cómo coño esos señores tan intervencionistas van a determinar quién es turista y quién no. Es posible que no se pueda alquilar un apartamento a cualquiera que sea rubio y con los ojos claros, aunque haya nacido en Hermigua. Esperemos al texto de la nueva ley que dará una vuelta de tuerca al Estado totalitario al que parece que estamos mansamente abonados. Y en el corral todo tranquilo. Ni un balido más alto que otro.

@JLBethencourt