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Reflexiones sobre la exclusión social en Canarias – Por Antonio Alarcó

   

España es el país de la Unión Europea en el que más han crecido las diferencias sociales en esta década. En los últimos ocho años hemos alcanzado una de las tasas de exclusión más elevadas del continente, evidenciando la falta de una gestión adecuada de la crisis, que ni mucho menos comenzó en el año 2012. Esta situación nunca fue aceptada hasta que llegó el Partido Popular al Gobierno de España.

Cuando hablamos de exclusión social nos referimos al fenómeno que expulsa de los mecanismos de la sociedad a determinados colectivos, especialmente mujeres, jóvenes y niños, que se acentúa en momentos como los actuales y cuya prevención es decisiva. Detrás de las cifras se esconden verdaderos dramas sociales, que, además, una vez pasada la crisis costará mucho recomponerlos.

La peor cara la ofrecen los millones de personas que se encuentran en el desempleo y quienes padecen en mayor medida los efectos de la pobreza, que creíamos en vías de ser erradicada en el siglo XXI y que vuelve a golpear con dureza a la sociedad, con ruptura de muchos proyectos vitales irrecuperables.

El Instituto Nacional de Estadística establece el umbral de pobreza dependiendo de la distribución de los ingresos por unidad de consumo, situándola en un 60% de la media. En esas estadísticas, Canarias ocupa el último lugar de España desde el comienzo de la crisis, con crecimientos exponenciales que están siendo ignorados de forma irresponsable por el Ejecutivo regional, como otros hicieron hasta el año 2011 en el Gobierno de la Nación.

Nos viene a la memoria cuando, dos legislaturas atrás, presentamos una moción en el Senado para que se aprobara la creación de un Fondo Estatal de Emergencia Social que facilitara a las administraciones locales los medios necesarios para hacer frente al importante aumento de personas en situación de exclusión que se preveía.

Es más, pedimos que este mecanismo sustituyera al Plan E, que no sirvió para nada, pero el Gobierno socialista votó en contra. No nos gusta mirar por el retrovisor, pero bueno es recordar que pasaron seis años, y los hechos, lamentablemente, nos han dado la razón.

Actualmente, en el Archipiélago, con una tasa de pobreza que supera el 38%, y muy especialmente, teniendo en cuenta a los 111.000 niños canarios que viven bajo el umbral de la pobreza, tenemos motivos más que suficientes para preocuparnos.
Nuestra tasa de exclusión se disparó un 21% desde el inicio de la crisis, casi el triple de la media nacional, según recoge un reciente estudio del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), que sitúa a Canarias como la región de España donde más creció el número de parados y la pobreza desde 2006.

Males que creíamos erradicados, como el hambre, vuelven a golpear nuestras conciencias, mientras el Gobierno de Canarias no prioriza el gasto de forma adecuada, y hasta parece regatear ayuda a las familias, a las organizaciones no gubernamentales y a entidades como Cáritas. Esta última organización, a quienes podemos considerar la ONG más grande del mundo, apunta un dato muy revelador: más de una cuarta parte de la población española pasa verdaderos apuros para subsistir. En total, la institución solidaria ayuda anualmente a más de seis millones de españoles.

Necesitamos articular una estrategia integral coordinada contra la exclusión social y la marginalidad que parta fundamentalmente de las comunidades autónomas y corporaciones locales. Entre todos tenemos que hacer frente a esta situación y, con medidas conciliadoras y decididas, debemos paliar los efectos que esta crisis está dejando en nuestro país.

Estás políticas han de velar también por el sostenimiento de las familias, núcleo básico social que está manteniendo mínimos de subsistencia, y que de no existir, habría que inventarla. Esta institución ha sido muchas veces maltratada, cuando su papel es insustituible.

Hay que establecer fórmulas de consenso permanente que prioricen la solución de estos problemas. En la búsqueda de esos acuerdos siempre podrán contar con nosotros.

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