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Sur de Tenerife – Por Leopoldo Fernández

   

Hoy por hoy, el Sur de Tenerife es, con diferencia, la comarca más pujante de la Isla. Su prosperidad deviene del sector servicios, con el turismo, motor primario de su economía, a la cabeza de las actividades. Miles de empresas atienden las necesidades de casi cuatro millones y medio de visitantes anuales y todo este conjunto aporta más del 50% del PIB. Claro que hubo tiempos de atraso. Y de penurias. Y de aislamiento. Pero un grupo de visionarios y emprendedores hicieron posible el Sur potente y vigoroso de hoy, bien distinto al que hace 40 años conociera en mi viaje de novios, con apenas un hotel importante, el Gran Tinerfe, y la casi recién estrenada Ten-Bel. Poco más había en esa zona, ya digo; pero unas pocas familias creyeron en las posibilidades de la comarca, apostaron por ella y con su esfuerzo la lanzaron hacia el futuro. Estoy pensando en los Domínguez, los Puig, los Tavío, los Konrad, los García-Sanjuán, los Mestre, los Pena, los Galván, los Suárez, los Reverón y muchos más que, en una fructífera suma de voluntades, colaboraron en la hermosa tarea de alumbrar uno de los mejores destinos turísticos del mundo. A este empeño se han sumado luego, entre otros, quienes hoy mismo reciben los premios Impulso Sur, instituidos por el DIARIO, que ha sido testigo excepcional del crecimiento de esta comarca desde su llegada a la Isla en 1976. Y sobre todo, a partir de 1981 con la incorporación de Bernardo Morales y la posterior puesta en marcha de la delegación del periódico. Bernardo es el periodista del Sur, quien durante años ha recogido, con profesionalidad y buen tino, su pulso, sus inquietudes, sus achaques -que los sigue teniendo, claro que sí-, toda su rica realidad socio-económica. Con Pedro Modesto Campos al frente, el DIARIO apostó en su día, decididamente, por este Sur abierto al mundo y la misma labor la sigue hoy con Elías Bacallado a la cabeza, en una simbiosis de intereses que une a todos en el proyecto de engrandecer la Isla, exponer sus problemas y colaborar en su resolución. Claro que es preciso mejorar algunas cosas, pero se trata de un reto a medio y largo plazo en el que no va a faltar, seguro, el aliento de todas las gentes sureñas, ni la leal colaboración público-privada. Para superar dificultades coyunturales y carencias, como el cierre del anillo insular, la mejora de la oferta de ocio y de los espacios turísticos públicos, el embellecimiento de algunos entornos, la rehabilitación de plazas hoteleras y extrahoteleras, la ampliación de las áreas peatonales, la creación de mancomunidades de servicios, la mejora de la conectividad y la culminación de proyectos en hospitales, puertos y playas. ¡Casi nada!