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Vicente Jorge – Por Sara Ferrera

   

En el primer día de la primavera de 1953, fue ordenado sacerdote el reverendo Vicente Jorge Dorta. El 5 de abril del citado año, festividad de San Vicente Ferrer, ofició su primera misa en la iglesia matriz de San Pedro Apóstol de Güímar, su ciudad natal. A partir de ese momento, es nombrado vicario de San Pedro y comienza su andadura como capellán y profesor de religión del colegio Santo Domingo (Colegio Nazareth). Fue párroco de Arafo desde 1954 hasta el 4 de septiembre de 2007, fecha en la que se le asignó la jubilación. Durante 53 años realizó una gran tarea eclesial en el mencionado pueblo sureño y ha dejado un recuerdo imborrable entre sus feligreses. También se hizo cargo, más de 20 años, de la iglesia del barrio de Fátima (Güímar), en conjunción con las parroquias araferas. Fue arcipreste del distrito de Güímar y profesor de religión, 22 años, en el instituto Mencey Acaymo de la citada ciudad. Durante su larga estancia en Arafo, vivió varias efemérides y consiguió importantes logros. En 1999, se le dio el nombramiento de Hijo Adoptivo de Arafo y, un tiempo después, fue rotulada con su nombre la calle donde está situada la casa parroquial. Estas dos extraordinarias distinciones, de las que don Vicente se siente tan orgulloso, son el premio que el pueblo le ha otorgado a quien ha sabido llevar su sacerdocio con vocación, sacrificio, humildad, exquisita educación, entrega, ayuda, afecto… Don Vicente pertenece a una familia de fuertes convicciones religiosas. Dos de sus hermanos, ya fallecidos, don Hipólito y don Juan, fueron sacerdotes y de su familia formó parte el recordado obispo Domingo Pérez Cáceres. Los hermanos sacerdotes Jorge Dorta son los artífices del primer y único cenobio masculino que existe en Canarias, denominado Monasterio de Nuestra Señora de El Socorro, enclavado en Güímar. Actualmente, a sus 85 años cumplidos el pasado 22 de abril, continúa con su labor como capellán en el colegio citado. Además, cuando algún sacerdote de la comarca sureste precisa de sus servicios, él coopera con ellos. Don Vicente es un ser privilegiado, goza de buena salud y tiene una memoria prodigiosa. Cuando nos invita a merendar, nos llama la atención su manera de relatar diferentes anécdotas de su vida. Felicidades por estos 60 años de ejemplar y fructífera vida sacerdotal.