X
retiro lo escrito > Alfonso González Jerez

Becas y tetas – Por Alfonso González Jerez

   

La ociosa pregunta habitual de para qué sirve el periodismo la ha contestado una redactora de ABC y tertuliana frecuente de la COPE, que explicó hace unos días que mucha protesta por el nuevo sistema de becas que pretende imponer el ministro de Educación, rojos y masonazos, pero que ella sabía de buena fuente que hay alumnas que utilizan el dinero de su beca para operarse las tetas. Aunque la periodista no lo precisó, cabe suponer que el objetivo de dichas operaciones quirúrgicas consistió en aumentar el volumen, porque una reducción mamaria deviene incompatible con el enriquecimiento intelectual, tal y como demuestra Pamela Anderson, insigne becaria de la playa, como lo es Eustasio López. Por supuesto, a la compañera la han lapidado en las redes sociales. Tanta hipocresía abruma, porque a ver quién no se ha operado las tetas en este país gracias a un manirroto Estado de Bienestar. Todos los grandes empresarios canarios, por ejemplo, han utilizado las subvenciones o la Reserva de Inversiones para operarse tetas y glúteos y maximizar así la igualdad de oportunidades. Ya está tardando el presidente Paulino Rivero en incluir en su blog una entrada flamígera sobre el maltrato de las tetas y culos canarios en los presupuestos generales del Estado. No queremos tetas por antojo -debería subrayar el presidente- sino las tetas que nos corresponden por justicia. Ni una mamella más ni una menos.

La periodista, que ha pedido respeto para su esclarecedora afirmación, ha demostrado que el periodismo, actualmente, sirve para distraer al personal. Tuve un director que defendía que los periodistas eran porteras con bachillerato y que sin ciertas reglas el periodismo se reducía a un vocinglero patio de vecindad. La regla principal consistía en el respeto a los hechos, una ridiculez al que cualquier usuario de Twitter le saca diez ingeniosos aforismos en cinco minutos. Finalmente estamos en un país en el que los dirigentes del partido del gobierno vacían las arcas de su organización -alimentadas mayoritariamente con dinero público- para pagarse sobresueldos escandalosos, pero en el que las becas son sospechosas de terminar materializadas en pezones de diseño. Mientras tanto Wert y compañía siguen adelante, entre débiles protestas, en su carrera hacia una universidad en la que el Estado siga aportando el 70% de los costes educativos, pero en la que las clases medias y trabajadoras se retiren para siempre jamás y la democratización de la enseñanza superior, así como la movilidad social, arda en el fuego de los aspiraciones rotas de las próximas generaciones de españoles, golfetes, que ni para tetas van a tener.