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Una calle – Perplejita me hallo

   

Gracias a mi galopante crisis de ideas, vuelvo a autocitarme. Hace dos años dejé patente mi indignación en Canarias Bruta por el hecho de que una mujer como Clara Campoamor fuera honrada en Santa Cruz con una callejucha, apenas transitada, en la esquina de un centro comercial.

He vuelto a pensar en ello estos días, con el tole-tole de ponerle una calle a Cubillo en la capital.
Al margen de que los merecimientos sean más que discutibles (ser la musa de senectud de un editorialista y escribir la obra magna del humor canario en forma de Constitución también suman méritos), y al margen también de consideraciones ideológicas, convendría recordar que personas como el poeta Pedro García Cabrera o el intelectual Domingo Pérez Minik, canarios como el prócer, no tienen una calle que les recuerde en Santa Cruz.

Hubo una buena ocasión para corregir esto cuando se sustituyeron los nombres de las calles de los generales, pero se optó por el lirismo y la cursilería de “calle del Amor” o “calle de los Sueños”. Porque para qué tomarnos las cosas en serio si podemos tomarlas a cachondeo.

Una calle con tu nombre es una manera de perpetuar tu memoria y la memoria de las cosas que hiciste (no todo tiene que convertirse en una estatua), pero no te absuelve ni te santifica ni te hace bueno mágicamente.
Lo mejor de la polémica montada es ver que en Santa Cruz todo va bien, que podemos entretenernos con esto porque todo va como la seda.