X
esto no se cobra>

Déjame que te lo explique, Mariano – Por Cristina García Maffiotte

   

Esta semana escuché una cuña de radio y me acordé de ti, Mariano. No, no pienses mal. No me acordé de ti como cuando decidiste subir el IVA. No, esta vez fue diferente. No durará mucho. Seguro que en breve, esta tarde, mañana o el lunes a más tardar, me volveré a acordar de ti de esa manera pero, por ahora, déjame disfrutar de esta sensación.
La sensación, Mariano, de que comparto contigo el hecho de que hay cosas que se me escapan. No sé tú, pero hay cientos de cosas que yo no entiendo. No es nada nuevo. Desde que me explicaron las integrales y las derivadas hasta ahora no he hecho más que acumular preguntas sin respuestas. Sin respuestas que entienda yo, aclaro. Pero siempre, siempre, intento disimular mi ignorancia y pongo cara de que entiendo de lo que hablan.

Es la cara que pongo cuando mi marido me explica cómo hacer la declaración de la renta. Habla y habla y yo asiento con cara de interés y de vez en cuando adorno su monólogo con un “ajá” y algún “claro, lógico”. Pero no me entero de nada y disimulo la angustia vital que me supone ver todas esas casillas en blanco esperando que las rellene con datos que no sé si tengo o no porque no sé qué es lo que me piden, mientras pongo cara de enteradita.

Te preguntarás Mariano a cuenta de qué viene este rollo. Pues verás, esta semana mientras escuchaba la radio, llegué a la conclusión de que a lo mejor a ti te pasa lo mismo y también hay cosas que no entiendes pero pones cara de ir sobrado porque te da mosca levantar la mano en el Consejo de Ministros y preguntar. Y me sentí identificada porque a mí eso también me ha pasado.

Ocurrió cuando, entre semáforo rojo y semáforo rojo, escuché una cuña del FROB. Un anuncio que explicaba que se han gastado una pasta en rescatar al sistema financiero y que ha llegado la hora de que el crédito fluya. Mi primera reacción fue gritarle a la radio. La segunda, subir la ventanilla para que el del coche de al lado no pensara que estaba loca.

Y ahí me di cuenta, Mariano, de que a lo mejor es que no te lo han explicado bien o simplemente es que no lo has entendido. Porque vamos a ver, Mariano, ¿para qué nos cuentas que es hora de que el crédito fluya? Eso ya lo sabemos. Puede que no sea suficiente, pero todos coincidimos en que es absolutamente necesario. Lo han dicho economistas, empresarios, los de Sálvame Deluxe, amas de casa, la señora que me vende los plátanos en la recova y el taxista que me clavó ocho euros por llevarme de la calle de La Rosa a la avenida Venezuela. Todo el mundo. Hasta dicen que Giorgi Dann va a hacer una canción del verano invitando al crédito a fluir.
Al parecer, lo tenemos todos claro menos los bancos que, oh casualidad, son los que tienen que hacer que fluya. Bueno, los bancos y tú, Mariano. Quizás, y disculpa el atrevimiento, sería interesante y más barato que le dijeras al Banco de España que mande una carta certificada a las entidades bancarias. Una misiva que les diga que abran el grifo a la voz de ya si no quieren morir enterrados entre auditorías y visitas a los juzgados.
Tómate tu tiempo, Mariano. No te me vayas a agobiar. Dale vueltas y verás que es más lógico dirigirte a las entidades financieras que a los ciudadanos cuando pides que fluya el crédito. Ganarías dos cosas. La primera es que evitarías que le hierva la sangre a todos los que hemos escuchado esa infame campaña del FROB y, la segunda, que a lo mejor así consigues resultados. Y un último consejo, Mariano. Si tienes dudas, levanta la mano y pregunta. Pero pregunta a uno que sepa. Preferentemente a alguien que no esté en tu Consejo de Ministros. De nada.