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El Diputado del Común – Por David Sanz

   

Siento un cierto escalofrío cuando escucho con tanta ligereza tratar de deslegitimar y eliminar a una institución tan fundamental como es el Diputado del Común en el Parlamento de Canarias. Es lamentable que intenten crucificar, con el cálculo frío de unas ecuaciones matemáticas, a una de las piezas clave de la democracia representativa en nuestra autonomía. Que, además, tiene la singularidad de tener su sede central en una isla de las llamadas no capitalinas, como La Palma, lo que le otorga una singularidad dentro del entramado de tensiones de poder que ha significado el pleito insular en este Archipiélago. Con ese cálculo que hace el Partido Popular sobre la eficiencia de las instituciones, habría entonces que empezar a cargarse los servicios sociales, la educación y la sanidad pública porque tampoco son rentables. Bueno, en realidad es lo que más o menos están haciendo allí donde pueden y les dejan extender la biblia del neoliberalismo, que con tanta disciplina están aplicando donde gobiernan. El Diputado del Común tiene una función básica como el último reducto que le queda a la ciudadanía para defender sus derechos ante la Administración pública. Es un organismo de interlocución entre la sociedad y el estamento público, donde los ciudadanos pueden expresar sus “quejas” por el funcionamiento de las instituciones. Está claro que para esta gente del Partido Popular, que defiende la desaparición del Diputado del Común, sobran estos interlocutores, porque, en definitiva, parece que la sociedad civil molesta. Racionalizar la Administración pública no significa hacer saltar los resortes que tiene para acercarse a la sociedad y hacer más nítida su voz, sobre todo la de aquellos que peor lo están pasando. Y mucho menos, eliminar aquellas pocas herramientas que le quedan a la ciudadanía para mostrar su desacuerdo con la realidad. Gracias a la falta de pulso político, esta batalla contra la crisis la estamos perdiendo y vamos camino hacia una sociedad desalmada, donde lo único que cuenta es la formalidad de las cifras y los resultados. Imponer la lógica de los mercados a la vida de las personas es un suicidio social al que nos están conduciendo quienes gobiernan. Hemos ido cediendo en muchas conquistas sociales sin darnos cuenta. Ahora le toca el turno al Diputado del Común. Cada vez nos queda menos que proteger y más por lo que luchar.