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El disputado voto de Ana Oramas – Por Gustavo Matos

   

Hoy me apetece escribir sobre alguien que no milita en mi partido y con quien me he enfrentado políticamente en ocasiones de manera muy agria en los tiempos en los que yo era portavoz del Grupo Municipal Socialista y ella alcaldesa de La Laguna. Me refiero a Ana Oramas. En un tiempo en los que reconocer virtudes en los adversarios políticos no abunda, y en tiempos en los que prevalece el ruido sobre el acuerdo, en los que es más sencillo sumarse a la algarada que atemperar, quiero poner en valor el sentido de Estado que ha demostrado la diputada de Coalición Canaria en varias votaciones clave para España y para Canarias en el Congreso de los Diputados. Es público y notorio que hemos discrepado mucho y de manera muy dura en ocasiones sobre cuestiones concretas de la gestión municipal, pero eso no nos impidió llegar a acuerdos importantes que a la postre han servido para que La Laguna hoy sea un referente en ciertas materias. Un buen ejemplo fue el Plan de Protección Especial del Centro Histórico que aprobamos por unanimidad a pesar de que había cuestiones concretas del mismo que no compartíamos, pero primó el relanzar la Zona Comercial Abierta de La Laguna y su valor patrimonial. El resultado es evidente. Por eso valoro mucho la capacidad de llegar a acuerdos en política. Es más. Creo que lo verdaderamente difícil, lo que entraña riesgos y lo que en cierto modo le da sentido a la actividad política es la capacidad de salvar las diferencias y acordar aquellas cuestiones en las que pueda haber puntos de encuentro, aunque sean mínimos, por muy grandes que sean las discrepancias con nuestro rival político. En nuestro país no hay cultura del pacto, del acuerdo. Da miedo el riesgo de desdibujar tu propio perfil político y pagarlo electoralmente. Sin embargo, todos tenemos en el altar de nuestra democracia los pactos de la transición en donde todos cedieron para que España entrara por fin en la modernidad y en la libertad. Conviene no olvidarlo en estos tiempos revueltos.

Esta semana los dos grandes partidos, PP y PSOE, que entre ambos suman alrededor de 16 millones de votos, han alcanzado un acuerdo de mínimos sobre las líneas básicas a defender por España en el próximo Consejo Europeo. La proposición no de ley insta al Gobierno a “impulsar avances hacia una verdadera Unión Económica y Monetaria”, “impulsar el crecimiento y el empleo” y “reclamar más fondos al Banco Europeo de Inversiones para las pymes”, entre otras medidas, de cara a la cita de Rajoy con el resto de mandatarios de la UE. En plena ola sobre la necesidad de acabar con el falso bipartidismo los dos principales partidos han pactado unas líneas básicas con el riesgo de desgaste que ello conlleva y lo difícil de explicarlo en medio del ruido. Conste que no comparto la forma en la que se alcanzó el acuerdo, pues creo que debió abrirse al consenso con el resto de grupos de otra manera más sincera, y que desde un punto de vista estrictamente interno de mi partido, también las formas han fallado. Pero no quiero que el árbol no me deje ver el bosque. En este sentido, Ana Oramas se ha sumado al acuerdo en representación de su grupo. Ha sido el único. La diputada Canaria ya lo hizo en otra ocasión clave. En aquel momento con Zapatero de presidente. Fue el 4 de junio de 2010. La diputada votó a favor de un paquete de medidas de ajuste que, en comparación con las que ha tomado luego Rajoy, eran Disenylandia. Pero evitó en aquel momento una intervención por parte de las autoridades europeas. Fue cuando Montoro se lo reprochó diciéndole que dejara caer España que luego ellos la salvarían.

*secretario de política municipal del PSC
@matosgustavo