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En manos de la tecnología – Por Félix Díaz Hernández

   

El objetivo de eso que, desde hace unos años, se denomina tecnología era facilitarnos la vida; suavizar tareas; organizar y acelerar procesos a nuestro favor. No obstante, de manera callada, silente pero muy efectiva han proliferado y ocupado nuestro mundo avanzado una serie de tecnologías, las nuevas tecnologías, que han conseguido darle la vuelta a la tortilla; ahora estamos nosotros arrodillados ante ellas.

Podría esbozarse un catálogo de especies tecnológicas que alienan la personalidad; esclavizan a su portador, física, espiritual y monetariamente; o han conseguido que el más mínimo respeto en el ámbito una relación personal sea un valor en vías de extinción. Sobresale de entre estos “avances” los modernos y llenos de prestaciones teléfonos móviles, incluso alguien se ha atrevido a ponerles el apellido de “inteligentes”. Me gusta mirar a los ojos de las personas con la que hablo cara a cara; establezco de esta manera una confianza, interés y respeto que, como dicen muchos tratados de psicología, resulta intangible pero muy eficaz para una comunicación plena.

Ese cruce de miradas mientras hablan dos o más individuos ha sido aniquilado casi al 90% en cualquier relación actual. Escudándonos en una sinfonía de soniditos, tonos, pitidos y versiones musicales las conversaciones en persona son un mero sucedáneo. Compartes el espacio y el tiempo con alguien pero en el fondo no estás allí; regurgitas palabras, frases hechas que apenas han pasado unos segundos por el horno de las ideas porque tu vista, tu tacto y tu vida, en el fondo, está pendiente del maldito teléfono móvil.