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El envite de Las Chumberas – Por Domingo J. Jorge

   

Para quien no lo sepa, el envite es un juego de cartas, que jugamos la gente sencilla, y que se gana con destreza y maña, dada por la experiencia de haberte sentado muchos años a tumbar, en este caso entre cartas españolas, aunque el juego sea canario, porque los canarios también por geografía e historia formamos parte del amplio horizonte de esta España nuestra. Algo parecido ha sucedido con Las Chumberas. Explico. En Génova, en las Cortes, y en Madrid, todavía no han entendido qué son Las Chumberas. Además de una planta, que nos da higos o tunos, es también un barrio del municipio de San Cristóbal de La Laguna, situado en la isla de Tenerife, Canarias.

Anoto tanto detalle porque a veces, cuando lees incongruencias -no me interesa mucho quién las dijo, porque son dictadas seguro al oído por otros, que no residen ni en La Laguna-, incongruencias como esas de que se está dando un tono de protesta y tono social al problema de las casas de Las Chumberas. Pues, cuando quien suscribe lee esto, como decía mi abuela, “se me ponen los pelos erizados”. Con el problema de las viviendas de Las Chumberas y su aluminosis llevamos unos cuantos años. Más de una familia amiga vive o vivía entre aquellas paredes. Claro, no se entiende cómo un problema que ya va para más de una década sin resolverse aún siga pasando de mesa en mesa -de roble o madera similar- por los distintos ministerios y despachos de diputados nacionales, y así siga, de despacho en despacho, pero nadie le canta, como en el envite, el siete, el nueve y el chico fuera.
El Bloque 15 de Las Chumberas está ya tapiado. Dicen, como decimos aquí, que la cosa va a ser ahora el día 4 de julio en Madrid. También barruntan que esta será la reunión definitiva. Seguro que por lo menos será la definitiva que decida cuándo será la próxima. En Madrid -perdonen pero lo digo-, no solo desconocen la distancia, sino que además, como recuerda el bolero, creen que la distancia hace el olvido.

Si ustedes rebobinan un poco la cinta y se sitúan hace unos cuatro años, las reuniones, las entrevistas y las declaraciones han sido muchas. Las idas y venidas a los Madriles otras tantas. Respuestas muchas, pero soluciones definitivas pocas. Creo que ha llegado el momento del último tumbo y “¡Chico fuera!”.