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La Gomera: algo más que el Garajonay – Por Wladimiro Rodríguez Brito

   

En las últimas décadas se ha producido una polarización que ha revalorizado Garajonay asociando el parque nacional a la naturaleza, pero separándolo del resto de La Gomera. En cierto modo, Garajonay se ha disociado de la cultura gomera; a lo largo de la historia insular, los gomeros han estado unidos a los espacios agrarios disponibles en la isla como un todo, desde lo más alto de las cumbres de la isla hasta los litorales y valles bajos de La Gomera.

El Garajonay es la joya de la corona de la isla; lo demás queda a veces como un resto accesorio. Claro que hemos de cuidarlo y sentirnos orgullosos de sus valores, pero no es bueno para la naturaleza gomera y, sobre todo, para la sociedad isleña, la devaluación y el olvido que han tenido los machu picchus gomeros de Guadá, Hermigua, Agulo, etcétera. Dicha devaluación ha creado problemas serios, tanto en el plano social como en el paisajístico, incrementado la erosión en los antiguos bancales e incluso generando mayores peligros de incendios; han quedado los antiguos campos de cultivos cubiertos de maleza.

Es de destacar los aportes no solo hídricos, sino también de leña, carbón, rama y pasto para los animales que había proporcionado siempre Garajonay a los gomeros en esa relación integral hombre y naturaleza. Garajonay es hijo de los gomeros, si bien allí la naturaleza ha sido menos alterada que en los valles bajos, en los que se han levantado cientos de kilómetros de paredes para mantener una jardinería intensiva hasta hace unos años.

Sean estas líneas para hacer justicia con La Gomera olvidada, sobre todo con esos campesinos que nos han dejado uno de los espacios más trabajados y cuidados de Canarias. Y sean sobre todo líneas de ánimo y apoyo para revalorizar un paisaje, una cultura, algo que tenemos que recuperar como básico para el futuro de esta tierra.

Hoy La Gomera dispone de un caudal importante de agua, unos setecientos metros cúbicos por habitante y año, mientras que en Tenerife no alcanzamos los doscientos metros cúbicos. En La Gomera los regadíos actualmente ocupan una superficie similar a la de Lanzarote, dada la crisis agraria que ha soportado la Isla Colombina. La superficie regada de plátanos ha pasado de 492 hectáreas y unos dieciséis millones de kilos en 1970 a situarse en unas raquíticas 168 hectáreas y seis millones de kilos en 2012. No han tenido mejor suerte los cultivos de papas, frutales o la misma ganadería. Por ello, pese a que la isla ha aumentado de manera significativa los caudales hídricos en los últimos años, esto no ha tenido una respuesta en el agro insular, es decir, tenemos agua pero no tenemos campesinos.

Otra La Gomera es posible; tenemos que dignificar el mundo rural, creando condiciones sociales y económicas para potenciar tanto los cultivos de autoabastecimiento como otros de exportación, en la que los aguacates y otros frutales tropicales tienen posibilidades. Sobre todo hemos de potenciar a los hombres y mujeres del campo; eso solo es posible si incorporamos jóvenes en los que la cultura del mundo rural entre desde los colegios y la sociedad civil; creemos bancos de tierra y principalmente comunidades vivas en los pueblos de La Gomera, desde mercadillos del agricultor hasta el suministro de producciones locales en los distintos establecimientos hoteleros de la isla. Es necesario que se establezcan también pautas para la limpieza de fincas abandonadas en los entornos a las zonas pobladas, en las proximidades del monte y en las vías públicas. Es importante también reactivar las comunidades de regantes para hacer un uso razonable del agua que frene las pérdidas significativas que tiene el uso de esta en numerosas ocasiones.

La Gomera puede pasar de los 400 metros cuadrados que se cultivan por habitante en estos momentos a superar una cifra que nos permita recuperar gran parte de los suelos no marginales cultivados hace unos años. También es importante la recuperación de la ganadería, tanto como actividad económica como para luchar contra los incendios, retirando gran parte de los pastos que se convierten en combustible.

El futuro de La Gomera no pasa por seguir la ruta de Colón que hemos repetido los canarios a lo largo de quinientos años. En una isla que dispone del 3% del agua del Archipiélago, con menos de un 1% de la población, tenemos recursos para generar mejores condiciones de vida y para que más gomeros cuiden y gestionen la isla, desde los altos del Garajonay hasta los pescantes de Hermigua o la playa de La Rajita. El cuidado de los montes de La Gomera hemos de asociarlo con la suerte y el futuro que tengan los machu picchus de los valles y lomadas bajas. Tenemos que creer de verdad en el futuro de esta La Gomera.

*DOCTOR EN GEOGRAFÍA