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A la griega – Por José David Santos

   

Entre los centenares de recortes y sacrificios solicitados, los griegos amanecieron el martes con la noticia de que la televisión pública cerraba, despedía a sus tres mil empleados, y emplazaba a los ciudadanos a confiar en que en unos meses volverá a emitir; eso sí, con una tercera parte de su personal. Es una más de las medidas que el gobierno heleno ha tenido que tomar para atajar el déficit y seguir las recomendaciones de ese ser omnipotente en la vieja Europa llamado troika. En una época en la que los medios de comunicación no son precisamente populares resulta reconfortante que para muchos griegos este apagón sea la gota que ha desbordado el vaso de su paciencia. Cierto que la tele pública griega es más cara que las privadas y que, como en otros tantos países (y comunidades autónomas patrias), se convirtió en un mastodonte sobredimensionado y que perdía dinero por decenas de sumideros. Pero resulta que es un medio público, es la televisión que los griegos entendían que podía estar influenciada por los mandatarios de turno, pero que siempre estaba ahí, informando y entreteniendo con la salvaguarda de que era un medio pagado por todos. Siempre he creído que una televisión pública no debe medirse solo por su rendimiento económico. Deben cumplir -y no van competir en ello con las privadas- unas funciones asociadas al conocimiento o al fomento de la cultura y la educación. Y ahí sí están justificadas las pérdidas. La BBC británica es el modelo. Si a una señora de Manchester le dicen que cierra la BBC seguro que monta en cólera porque, además de pagarla (con un canon), la siente suya aunque no haya visto ni un solo minuto de su programación en los últimos meses. Como en Grecia.

@DavidSantos74