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La importancia de la Marca España – Por Antonio Alarcó*

   

Rafa Nadal, uno de los deportistas más destacados del mundo, ha vuelto a demostrar su grandeza. Su reciente triunfo en Roland Garros eleva su figura al nivel de leyenda, mucho más allá de las impresionantes marcas que le convierten en el tercer tenista con más trofeos de Grand Slam.

Tenemos en la retina sus lágrimas incontenibles al escuchar el himno de España. Lastrado por las lesiones, supo parar a tiempo en 2012, recuperar toda la fuerza de su tenis y volver para seguir siendo ejemplo de pundonor, pero también de humildad y de reconocimiento a todos sus rivales, nunca enemigos.

Suscribimos las palabras del ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García-Margallo, que ensalzó esta semana en el Congreso de los Diputados a Rafa Nadal, que se siente profundamente español y lo dice abiertamente allí donde va. De él dijo que su contribución a la Marca España vale mucho más que lo que cualquiera de nosotros podamos hacer, y así es.

Lejos de ocultar la importancia de pertenecer a este gran país, como otros hicieron en su día, el actual Gobierno se ha esforzado en devolver brillo a la Marca España, que es de todos, en un plan de reformas desarrollado desde hace casi año y medio.

La imagen de un país es un elemento que debe facilitar la competitividad de sus servicios y empresas. Quienes logran generar percepciones favorables tienen ventajas competitivas y contribuyen con la economía generando empleos y servicios de calidad. En el caso de España, en momentos recientes, esta buena imagen ha llegado a ser incluso negativa, desde luego no producto de los ciudadanos.

En Europa se nos considera un buen país para vivir, donde pasar las vacaciones, y prácticamente perfecto para fijar la residencia después de la jubilación. Sin embargo, no se nos veía como un lugar para trabajar, hacer negocios o instalar una empresa. Hemos de cambiar esta tónica y trabajar en recuperar la confianza de los propios españoles.
Somos el segundo destino turístico mundial, tenemos la mejor gastronomía del mundo, el mayor número de reservas de la biosfera y bienes declarados patrimonio de la Humanidad, y el tercer mejor sistema público de salud, por solo citar algunos ejemplos. También somos los primeros en renovables y telecomunicaciones, y ocupamos el segundo lugar mundial en industria automovilística. ¿Por qué no sacar pecho entonces de nuestras fortalezas, sin renunciar a la autocrítica?

No nos gusta mirar por el retrovisor, pero muchas veces es necesario hacerlo para valorar lo que tenemos hoy. Recordamos ocho años de Gobierno socialista que quebraron gran parte de nuestro prestigio e imagen.
Los exponentes del zapaterismo-rubalcabismo, carentes de factores inhibitorios, prefirieron negar los evidentes efectos de la crisis y dejamos de ser vistos como un socio fiable ante tanta frivolidad y fiesta del despilfarro, que nos sigue costando muy cara.

La confianza es un sentimiento fundamental sobre el que gravita prácticamente todo en la sociedad del Siglo XXI. Es el valor principal dentro de la economía, imprescindible para atraer ahorro e inversión, pero también para crear empleo y favorecer la internacionalización de las empresas.

Tardamos demasiado en adoptar medidas para ajustar nuestra economía y recuperar esa confianza de la que hablamos, pero tras año y medio de esfuerzo de todos, ahora sí podemos decir que caminamos en el camino correcto. No hablamos de brotes verdes, pero sí de comenzar a ver la luz al final de un largo túnel.

La Marca España, como ha demostrado nuevamente Rafa Nadal, por sí sola, es un valor seguro. Creemos rotundamente en los españoles, porque estamos convencidos de que la gran riqueza y potencial de nuestro país se encuentran en nuestra gente.

La figura de Nadal resume esfuerzo, fracaso, modestia, trabajo, generosidad y confianza. Los gestos de una persona con él nos benefician más que cualquier medida pública que podamos adoptar. Mimemos estos valores que, por cierto, son de coste cero.

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