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Libros que vienen y van

   

Reading up Adeje

Elena Borioli, propietaria de la librería Reading Up. / NICOLÁS DORTA

NICOLÁS DORTA | Adeje

La buena costumbre de leer de Elena Borioli le ha llevado a la oportunidad de que los libros sean ahora su trabajo. Hace apenas cuatro meses que Tenerife es el nuevo hogar de esta italiana de Milán, que regenta la única librería de segunda mano existente en la zona, con unos 3.500 ejemplares. Se llama Reading Up (leyendo, en inglés) y está en pleno corazón turístico, a pocos metros de la tranquila playa de El Bobo, frente a Pueblo Canario.

Cuando Elena visitó Tenerife en noviembre para pasar una semana de vacaciones se quedó encantada con la Isla, donde también viven sus padres. Al no encontrar trabajo en Italia decidió cambiar de profesión. Era arquitecta y en los veranos también hacía de guía turística; un no parar que le ha permitido viajar por todo el mundo. Viendo que no había demasiadas librerías en el Sur y menos de este tipo, decidió montar una. Su lema es un buen plan: “Elige un libro y llévatelo a la playa”.

Ahora trabaja entre el silencio en su apretada biblioteca con estanterías color naranja, donde se pueden encontrar novelas, ensayos, escritos, diccionarios, cuentos, terror, suspense, novela histórica, negra, romántica, poesía. Todos clasificados y archivados en el portátil de Elena.

Hay en muchos idiomas, pero predomina el inglés, español, alemán, ruso, italiano y francés. Aunque también hay noruego, sueco, finés, islandés u holandés. “Los nórdicos son los que más traen libros pero también los rusos, que son buenos lectores”, dice. “Viene gente de todas las edades”, añade.

POR COLORES Y KILOS

Los libros están clasificados por colores y precios de tres, cuatro, cinco y máximo seis euros. De ahí no pasan. El lector que compra uno, si lo devuelve tendrá un descuento del 50 por ciento. Así funciona el negocio. Elena adquiere los libros a 50 céntimos cada uno y muchos de ellos la gente los regala. También existe la opción de vender por kilo. Esto pasa con los que están repetidos. Un kilo son aproximadamente tres libros, suficiente para pasar un buen rato.

Los más asiduos son los nórdicos, pero “viene gente de todas las nacionalidades”, dice. Alemanes, ingleses españoles o italianos. Este sitio es un lugar abierto al mundo , un “lugar de encuentro, más que una librería”, explica Borioli. También hay sitio en un tablón para anunciarse y aprender un idioma, cursos, alquileres o vender cualquier cosa. El Código da Vinci, de Dan Brown, se repite en casi todos los idiomas, como Los Pilares de la Tierra, de Ken Follet. También están García Márquez, Isabel Allende y hasta Kapusinzky. “La librería va funcionando porque los precios son muy bajos y facilitamos el intercambio”, dice la propietaria.

Lo que se compra y se lee en Reading up ya ha pasado por más de una mano. Son historias que cobran más vida cuanto más se comparten. Se trata de un intercambio barato, una rueda de conocimiento sin límites, porque los libros salen y pueden volver a entrar. Muchos se los trajo Elena de Italia, como uno de Alessandro Baricco, lo último que lee mientras entra un cliente.