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Llega la hora de nuestras costas – Por David Sanz

   

Una regata transoceánica, un encuentro de fotografía submarina, el hundimiento de un pecio grande en la zona oeste y otro más chico en la parte este. Decididamente, La Palma se va a tomar en serio la potencia turística que tienen sus costas. No cabe duda de que el submarinismo va a ser un nuevo aliciente para la Isla Bonita. Para ello, el Cabildo ha puesto en manos de los mejores expertos en la materia el desarrollo de este programa para La Palma. Una buena manera de comenzar para tener éxito. Así lo hizo Julio Cabrera con la Transvulcania, que está en la élite internacional de las carreras de montaña con cinco años de vida, y así lo está haciendo con esta especialidad deportiva; lo que hace prever que en unos años los fondos de La Palma sean tan conocidos y admirados como nuestros senderos. En Santa Cruz de La Palma también se está incentivando un parque subacuático, a raíz de la construcción de la playa capitalina. Un proyecto aparentemente más modesto, pero que también será importante a la hora de crear sinergias con el sector empresarial no solo de la ciudad, sino también de la comarca. Sería bueno que ambas iniciativas caminaran de la mano y fueran complementarias, dejando al margen cualquier tipo de diferencia política. A ello hay que sumar la feliz noticia que anunciaba el presidente del Club Náutico de la capital palmera, José Jaubert, a finales de la semana pasada: la salida de la Marina La Palma del rally de cruceros Atlantic Odissey. Una nueva apuesta de la familia Calero por La Palma. Una empresa radicada en Lanzarote pero que ha puesto los ojos en la Isla Bonita, donde ha hecho y tiene previsto continuar realizando importantes actuaciones para reforzar el turismo. En este aspecto, cabe destacar que La Palma cuenta también con el privilegio de estar asesorada por los mejores en la materia, Puerto Calero, lo que hace prever que esta regata sea un completo éxito y afiance a la Isla en el mapa del turismo náutico. El mar, que ha pasado en el siglo anterior tan desapercibido para nuestra sociedad, salvo para aquellos que tuvieron que hacer las maletas y cruzar el Atlántico para encontrar un futuro mejor para sus vidas, se presenta ahora como una fuente de oportunidades. Estas y otras iniciativas pueden contribuir a alejar el fantasma de la emigración, que vuelve a surgir entre nosotros.