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Mucho frío

   

REBECA DÍAZ-BERNARDO | Santa Cruz

Llevamos unas semanas de frío totalmente atípico para nuestras Islas y sobre todo en las noches santacruceras. Por ello, me pregunto cómo diablos le podemos parecer sexi a nuestra pareja metiéndonos en la cama con pijama de franela de manga larga y calcetines cariñosos, monísimos eso sí, pero calcetines al fin y al cabo. Porque las casas en las que vivimos los canarios no suelen estar preparadas para este cambio climático que llevamos sufriendo en los últimos veinte años, lo más seguro es que nuestros abuelos pasaban más calor que otra cosa y construían las viviendas precisamente para escapar de las altas temperaturas de la mayoría del año y si acaso, conservar un poco de la tibieza para algunos días salteados de fresquito, ¡fres-qui-to!, pero la realidad es que se está disparando el consumo de calentadores eléctricos y ropita térmica (desde mis años laguneros que no sacaba los guantes) y es que estamos teniendo bastante frío y lo que es yo, en esta casa más que centenaria hay días en que me apetece rescatar el disfraz de peluche para dormir.

Porque para empezar te tienes que estar quitando la ropa de calle a las carreras y sin medio atisbo de baile erótico, es que ni te lo planteas porque en cuanto te quedas descalza sobre el piso frío, te coge un biruji p’arriba que más te vale tener las piernas bien depiladas o podrías parecer un erizo de mar, y eso no es sexi. Luego de la que te quitas los zapatos y las medias ya te estás poniendo las calzas, esas amorosas que te decía al principio que te llegan hasta media rodilla, y con la otra mano te vas quitando la falda con el pantalón del pijama a medio subir, lo mismo, muy poco sexi. Te sacas el sujetador por la manga y según te vas subiendo el suéter se te ponen las ideas como escarpias durante el medio segundo que tardas en lanzarlo al aire para entrar en calor antes de ponerte la parte de arriba del pijama famoso, y cuando por fin has terminado de colocarte la última capa de cebolla congelada, miras a un lado y te encuentras a tu pareja tarareando “you’ve lost that loving feeling”… o sea, que te están insinuando que tienes menos poder erótico que un tambor de feria.

Una pareja se abraza

Una amiga me decía que ella combate esa falta de roce diario con una ducha común bien caliente, pero lo que es a mí por lo menos se me queda el mismo cuerpo que si veo un reportaje de Noruega, me parece muy bonito, muy bucólico o romántico pero apetece poquísimo porque opino que a menos que tengas una ducha de esas con chorros por todos lados a ver quién es la guapa que se queda con la espalda al aire mientras el otro se está escalfando con el agua a más de treinta grados de temperatura.

Y es que ¿verdad que si piensas en el amor, el sexo, la pasión, el roce, las caricias, todo lo que tenga que ver con el ritual de apareamiento, sea con fines reproductivos o no, tiene color rojo y muchos grados centígrados?, ¿verdad que si visualizas la palabra sexo, el cuerpo de tu pareja, una cita amorosa, se te viene a la mente una imagen cálida, desnudez e incluso sudor por el esfuerzo y el mismo ejercicio?

Y esto mismo es diametralmente opuesto a un invierno continental como este que estamos teniendo, de hecho según estudios publicados los países más cálidos son los que cuentan con una mayor actividad sexual y a nadie se le pasa por la cabeza que el Círculo Polar Ártico pueda ser destino de turismo erótico, seamos sinceros, el frío todo lo encoge y el calor dilata, no hay más vuelta de hoja. Son tiempos muy duros, más que nunca hay que cantar eso de que el que tenga un amor, que lo cuide, que lo cuide, porque sobre todo a partir de cierta edad decía mi madre que hay menos posibilidades de encontrar un buen novio que de que te caiga una maceta en la cabeza mientras vas caminando por la calle, así que la que lo tenga, un amor, que se busque lencería térmica o un disfraz de esos de sirena desnuda, que los he visto y como tienen relleno digo yo que ayudará a mantenerse calentita, la cosa es mantener el loving feeling y no dejar escapar el momento, hay que sembrar para luego recoger y todas sabemos que pronto volverá el sol a ponerse fuertito y probablemente nos tiraremos de los pelos diciendo eso de “por favor, que pare este calorón que no hay quien viva”. Mientras tanto, ¡a apechugar!