X
trac tici tac >

Naranjas del país – Por César Martín

   

Qué mejor excusa que la de comer y beber bien para juntarse con la gente querida. Siempre hay un plato que probar, un vino que saborear o algo que celebrar. Si encima el entorno acompaña, ya el placer es infinito, y de espacios incomparables nuestra isla está sobrada. Luego, lo que allí acontece resulta impredecible. Se puede transitar por cualquier tema, desde los más usuales tópicos a los más escatológicos, nunca se sabe. La noche del sábado pasado fue realmente especial para mí, porque, además de reunir todos estos ingredientes, ofreció algo inusitado: esperanza. Un puñado de amigos (los justos y necesarios con alguna ausencia) capaces de salir del pesimismo, soñar y enfrentarse al mundo de una manera diferente fueron capaces de alentar esta sensación. Y cómo no, la risa y las buenas historias siempre presentes. ¡Qué velada compañeros! Esta semana he vuelto a tropezar con la realidad tan vacía de nuestro triste entorno. Pero, con tanto atesorado y cómplice de mí mismo, vino a mi mente aquella copla: “A la mar fui por naranjas / cosa que la mar no tiene / metí la mano en el agua / la esperanza me mantiene”. La sabia popularidad que inspirara a tantos poetas y generaciones, la utopía como camino para crecer más allá de la realidad. Pensamos que no hay camino de regreso, y seguramente no lo haya, pero también es verdad que hay camino por hacer. Necesitamos, ahora más que nunca, nuevas sendas por las que transitar e iluminarnos. No todo está perdido. Hablo de empezar a aportar algo a un vaso que ya no contiene nada, intentarlo de nuevo con la ilusión de verlo rebosar. Medio lleno o medio vacío ya no nos vale. Resurgir de las cenizas como un verdadero pájaro de fuego y reparar el daño. Soñar no es gratis. Cuesta mucho, sobre todo cuando logran hacerte creer que la vida se encierra detrás de una cuenta bancaria. Es un esfuerzo que hay que compartir, construir los sueños de uno mismo y los de los demás. Quiero tratar de continuar adelante sabiendo que no estoy solo y pensar en “aquellos que no cesan / de mirarse la cara en sus heridas, / aquellos que no pierden / el corazón y el rumbo en las tormentas”, como decían los versos de Pedro García Cabrera. Hoy me sigo resistiendo a todos esos que frenan las esperanzas con un no como bandera, con el callar como respuesta. Continuaré aguantando el tirón en mi trinchera de palabras, imágenes y música. Seguiré creyendo, como el poeta gomero, que “un día habrá una isla / que no sea silencio amordazado”.

@cesarmg78