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A perro flaco, todos son pulgas – Por Mario Santana*

   

Una señora de 75 años al parecer sufrió una caída cuando visitaba la finca Yerbabuena en Sevilla. Alega que el pavimento presentaba un desnivel no señalizado y resbaló. Vaya por Dios. Le arruinaron la visita turística al Museo de Rocío Jurado. Bueno, a lo mejor no tanto. Según las notas de prensa primero pidió una indemnización de sesenta mil euros. Y como la cantidad chirriaba un poco, luego lo dejó en veinte mil. Siempre es malo un resbalón, y más si produce lesiones. Pero si las curas van acompañadas de un dinerito, duelen menos. Y pleito al canto. Contra el torero, la gerente y la aseguradora. El torero dice que pague el seguro. La gerente que pague el dueño, y la compañía que ni hablar. Que el suelo era antideslizante, y que a esa edad la señora no está para trotes. Y es que a veces uno se pregunta para qué tiene un seguro. La Ley 50/1980, de 8 de octubre regula estas cosas de los seguros, y su artículo 73 regula el Seguro de Responsabilidad Civil, por el que, traduzco, el asegurador se obliga a pagar a un tercero los daños sufridos y de los que sea responsable el asegurado.

Hasta ahí, claro como el agua. Pero luego viene Paco con las rebajas. Establece el artículo 17, traduzco otra vez, que el asegurado deberá emplear los medios a su alcance para evitar o aminorar el siniestro. Es decir, que el dueño del museo debió percatarse de que un pavimento en desnivel era peligroso para el deambular de una persona mayor, y nivelar el piso. Y digo yo, ¿por qué no manda la aseguradora a un inspector antes de hacer la póliza para comprobar las situaciones de riesgo? En este sentido hay un supuesto curioso, frecuente, y muy pero que muy peligroso. El infraseguro previsto en el artículo 30, que dice así: “Si en el momento de la producción del siniestro la suma asegurada es inferior al valor del interés, el asegurador indemnizará el daño causado en la misma proporción en la que aquélla cubre el interés asegurado. Las partes, de común acuerdo, podrán excluir en la póliza, o con posterioridad a la celebración del contrato, la aplicación de la regla proporcional prevista en el párrafo anterior”. Traduzco otra vez. Si usted asegura una casa que vale cien, pero con esto de la crisis ha perdido un 40% de su valor, cuando la aseguradora tenga que pagarle por un siniestro, -palabra fea donde las haya- solo le pagará el sesenta por ciento de lo que correspondería. Eso si, usted habrá venido pagando el seguro sin descuento alguno todos estos años. Y usted se queda con la boca abierta y los ojos como platos. Y el tramitador, cargo importante en la compañía, se lo explica clarito como el agua: es que tiene usted un infraseguro, señor mío. Ah, bueno, siendo así todos tranquilos. En mis ya muchos años de ejercicio profesional, nunca, y digo nunca, he visto una póliza de seguros en que se pactara la exclusión del infraseguro, siendo como es una posibilidad contemplada en la ley. Ahora estamos entretenidos con los bancos. Y leña al mono que es de goma. Pero hay del día que hablemos de las aseguradoras. Hay que echarles de comer aparte.Y al señor Ortega. Bueno, si monta un circo, ni les cuento lo que pasa.

*LETRADO
abogado@mariosantana.es