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Sobre los escaños vacíos – Por Francisco Pomares

   

Tres meses después de que se produjera la propuesta de Nueva Canarias, rechazada porque suponía una desautorización para la consejera, el Parlamento debatió por fin el plan contra la pobreza de Inés Rojas, en un ambiente de absoluto escepticismo sobre las medidas previstas. Con los escasísimos medios de que se dispone, en verdad es muy poco lo que el Gobierno de Canarias puede hacer para atajar la creciente situación de pobreza en las Islas. Con más de 350.000 parados, el consumo paralizado y la presión fiscal disparada, es muy difícil activar la economía. Y sin reactivación de la economía, todo lo que se haga será meramente paliativo, cosmético. Aun así, bienvenidas sean las iniciativas que sirvan para reducir el sufrimiento de tantas personas y tantas familias, sin recursos siquiera para atender lo más básico. En tiempos de absoluta carestía como los que vivimos, la primera función de la política debiera ser la de ofrecer aliento y solidaridad humana a los que lo pasan peor. El espectáculo del miércoles en Teobaldo Power, con Inés Rojas abandonada a su suerte por sus colegas de Gobierno (con la única excepción de Francisco Hernández Spínola) y la mitad del Parlamento vacío, nos dice que la política canaria ha renunciado incluso a su propia autoestima. La impresión que queda en la retina tras ver todos esos escaños vacíos es desoladora: sus señorías abandonan el teatro mientras se discute el asunto más grave que hoy afecta a la región, un problema con miles de caras con nombres y apellidos, decenas de miles de historias, millones de horas de dolor y sufrimiento. Los mecanismos del debate parlamentario han acostumbrado a la ciudadanía a los asientos vacíos. Los diputados y miembros del Gobierno solo participan -con su presencia- en los asuntos en que intervienen, o cuando hay que votar en cuestiones reñidas. Y es cierto que los miembros del Gobierno tienen -o debieran tener- multitud de calderos al fuego y que el trabajo de los diputados no se hace solo en el salón de sesiones de la Cámara. De hecho, muchas veces es más importante lo que se negocia en los pasillos o en los bares cercanos al Parlamento. Pero hay ocasiones de especial simbolismo -y el plan de la pobreza era una de ellas- en las que hay que hacer un esfuerzo de empatía con la calle. Si se hubiera producido una moción de censura, o la visita de alguien importante, o la concesión de un honor, no habría un escaño vacío. Por desgracia, la general ausencia en el debate parlamentario del miércoles revela el escaso valor que Gobierno y diputados dan al plan contra la pobreza.