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Los usuarios de Las Gaviotas, sin temor a los desprendimientos

   

Bañistas Playa de las Gaviotas

Los bañistas se acomodan a lo largo de toda la playa, incluida la zona en la que está prohibido, como puede verse en la imagen. / MOISÉS PÉREZ

N. Torres | Santa Cruz de Tenerife

Después de casi tres años cerrada, Santa Cruz ha recuperado para el baño la playa de Las Gaviotas, abierta al público desde el pasado 30 de mayo, pero solo en el 70%, el mismo porcentaje que el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife procedió a asegurar con la colocación de un sistema de mallas de sujeción. El 30% restante, en el que el riesgo de desprendimientos viene dado por rocas de mucho mayor volumen (hasta cinco toneladas), quedó cerrado a la espera de poder acometer un nuevo proyecto para su aseguramiento.

En la parte cerrada se colocaron carteles advirtiendo a los bañistas de la prohibición de colocarse en ese lado de la playa, algo que de hacerlo sería bajo su responsabilidad. Advertencia que, a la vista de las imágenes tomadas el domingo, no ha sido respetada ni tenida en cuenta por los usuarios de la playa que siguen ocupando la zona que está cerrada al público.

En el anuncio de su apertura, el Ayuntamiento señalaba que haría cumplir la prohibición a través de la policía local, que se encargaría de supervisar periódicamente la zona para dar cumplimiento a la prohibición. Ayer, desde la concejalía de Obras y Servicios Públicos no se tenía conocimiento de que se hubiera abierto expediente alguno por este motivo. El Consistorio acometió el aseguramiento de la parte de la playa en la que los desprendimientos de menor tamaño podían solucionarse con la instalación de una malla. Una obra que contó con un presupuesto de 120.00 euros y que fue ejecutado en apenas un mes.

Aseguramiento de la ladera

El sistema colocado es una especie de cortina metálica, que permite que las pequeñas piedras que rueden por la ladera lo hagan detrás del sistema cayendo en el suelo por detrás de un cable que evitará que se desperdiguen por la playa. Será el Ayuntamiento el encargado de retirar cada cierto tiempo el material que se deposite en la base del sistema de seguridad. En cuanto al resto de la playa que ha quedado cerrado, el riesgo de desprendimiento está en rocas de mucho mayor volumen que necesita de un sistema de sujeción distinto y más costoso.

Concretamente la zona 2, como la denominan los técnicos, tendría un coste aproximado de un millón de euros, una intervención que aún no cuenta con proyecto y mucho menos con presupuesto. La explicación para un coste tan alto está en que en esa parte hay rocas de más de cinco toneladas que sí podrían caer a la zona de baño y que sería imposible sujetar con una malla, por lo que el sistema para evitar que lleguen a la playa es mucho más complicado puesto que se trata de fijar y asegurar.