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La abdicación del rey – Por Enrique Arias Vega

   

Cuentan que la reina inglesa Isabel II le dijo a su homólogo Juan Carlos de Borbón: “De este oficio solo se sale con los pies por delante”.

Al parecer, el monarca español está dispuesto a hacerle caso con todas sus consecuencias. Lamentablemente, una de ellas puede ser que con él se acabe la monarquía en España.

Tras el decisivo papel de Juan Carlos I en la defensa de la democracia cuando el golpe de Estado de Tejero, su valoración personal y la de la institución que representaba subieron hasta las nubes. Por aquella época, visitó España el entonces presidente de la República Italiana, el antiguo partisano antifascista Sandro Pertini. Entusiasmado con nuestro monarca, llegó a decir: “Es el rey más parecido a un presidente de república que conozco”. Pero ya se sabe que nadie, ni el más listo, puede vivir de rentas indefinidamente.

Le ha pasado al rey en los últimos tiempos: las trapacerías de su yerno, Iñaki Urdangarin, la famosa cacería de elefantes en Botswana, la aparición de la princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein y otros incidentes han hundido el prestigio del monarca y, con él, el de la Corona.

Así se explica que se abuchee en público hasta la reina Sofía, quien nunca ha dado que hablar.

Por eso, ante el riesgo similar de que advenga una república en Bélgica, Alberto II acaba de abdicar en su primogénito Felipe. Sin ese peligro, pero también adaptándose a los tiempos que corren, han hecho lo propio tanto el emir de Catar como Beatriz de Holanda.

De no seguir pronto sus pasos Juan Carlos, y pese a la colosal campaña de imagen con la que se intenta apuntalarlo, puede que a su fallecimiento Felipe de Borbón no llegue a sucederle porque este país habrá dejado de ser monárquico.