X
nombre y apellido >

Alberto de Sajonia-Coburgo – Por Luis Ortega

   

El papel del rey y su legitimidad es el servicio a sus conciudadanos, únicos titulares de la soberanía, porque la corona debe evolucionar con los tiempos, expresó Alberto de Sajonia-Coburgo Gotha (1934) en el anuncio de su abdicación, pronunciado en neerlandés, francés y alemán, idiomas oficiales de Bélgica. Sucedió en 1993 a su hermano Balduino y ejerció un mandato discreto y conciliador, con buena visión de la política nacional en la que medió con exquisito cuidado. Pese al rumor que circuló desde la primavera, su decisión sorprendió a la población que, en su mayoría, deseaba su permanencia, según el sondeo de un prestigioso diario de Bruselas. Líderes políticos y sociales destacaron como mayor logro que “sin gobierno, mantuvo la estabilidad del país, durante cuatrocientos días, entre 2010 y 2011 y en la peor crisis en las relaciones entre Valonia y Flandes. El primer ministro, el socialista Elio di Rupo, manifestó su comprensión y respeto a Alberto II y elogió “la inteligencia, entusiasmo, empatía y humor que siempre demostró”. Al contrario que en la vecina Holanda, en el telón de fondo del relevo real aparecen los problemas de salud del titular -en los últimos años fue sometido a intervenciones por cataratas, hernias discales, fractura de fémur y cáncer de piel- y escándalos de distinto tenor que afectan a su familia; entre estos, aparecen su cuñada -la española Fabiola de Mora y Aragón- que fue obligada a disolver la fundación Fons Pereos, con la que, según la justicia, pretendía evadir impuestos en la herencia de sus sobrinos; y su tercer hijo, Lorenzo, cuyos comportamientos obligaron al Parlamento a la reprensión pública. Pero el más atractivo y morboso para los medios sensacionalistas es la demanda de paternidad que, a petición de Delphine Boël, se dirimirá desde septiembre en los tribunales y en la que la esta exigió pruebas de ADN a sus posibles hermanos, Astrid, esposa del archiduque Lorenz de Austria-Este y Lorenzo, el garbanzo negro, casado con la burguesa, Claire Coombs. Tanto el rey saliente como su jefe del gobierno elogiaron las cualidades del sucesor -Felipe de Brabante, desposado casado con la princesa Mathilde d’Udekem- “con sólida formación y experiencia en cometidos y misiones delegadas por su progenitor”. Algunos partidos flamencos, los más reticentes con la institución, aprovecharon la noticia para reclamar una monarquía “sobria, imparcial, ejemplar en sus actuaciones, meramente protocolaria, económica y absolutamente transparente”.