X
Tribuna >

Bárcenas, hidra de mil cabezas – Por Charo Zarzalejos

   

Luis Bárcenas se ha convertido en todo un personaje. Los odios y los ojos se centran no tanto en su figura como en lo que puede decir o documentar. Es algo así como una hidra de mil cabezas. No se sabe qué tentáculo va a exhibir, ni cuándo, ni cómo. Entre unos y otros -unos más que otros- le hemos convertido en un hombre clave. Tan clave que, al parecer, si dijera todo lo que sabe podría hacer caer al Gobierno.

El llamado asunto Bárcenas es, sin duda, un asunto jurídico de primer orden. Los tribunales tendrán que establecer y dictar culpas, y solo la Justicia puede dictar ese veredicto. Pero además, el asunto Bárcenas se ha convertido en un asunto de opinión pública y la democracia es, antes que nada, un régimen de opinión pública y la opinión pública se divide entre la estupefacción y el escepticismo. Rajoy es un hombre rocoso. Capaz de aguantar lo que le echen y ya en febrero, además de proclamar con total contundencia que él nunca había cobrado ni repartido dinero a nadie, ya adelantó que si alguien trataba de doblegarle, nada iba a conseguir. Antes y cuando ya comprobó que Bárcenas no era lo que parecía, el presidente no es que le dejara caer, es que no impidió -hubiera sido un escándalo impropio de una democracia- que la justicia actuara con absoluta libertad. No tuvo miedo el presidente del Gobierno.

Después de unos meses de cierta tranquilidad, los tentáculos han vuelto a aparecer y Bárcenas se ha convertido en el centro de nuestra vida política. Llegados a este punto ha llegado el pulso. Rajoy ha decidido no bailar al son de Bárcenas y todos los demás han sentenciado que es esa y no otra su pareja de baile. O baila, o se entera.

En algún momento y no precisamente cuando Bárcenas quiera, el presidente debería hablar. Hay que recordar su declaración de febrero y, en mi opinión, ir un poco más allá y decir algunas cosas que, con toda seguridad, podría decir, pero que prefiere callar. Pienso que si Rajoy dijera todo lo que sabe es muy probable que la bomba de relojería fuera una auténtica bomba atómica.