X
tribuna>

¿Cambiar la Constitución? – Por Fermín Bocos

   

Más allá del ámbito de las crónicas periodísticas, la propuesta granadina del PSOE para cambiar la Constitución, avanzando hacia un diseño de corte federal, ha despertado escaso eco político. Por varias razones. La primera de todas porque ha sido vista no como una aportación al común sino como una operación encaminada a resolver (a intentarlo, cuando menos) el problema que tiene el PSOE con el PSC. Es sabido que desde que Felipe González abandonó en otras manos la conducción del partido, el PSC dejó ser la filial catalana de las siglas socialistas para mutar hacia un partido diferente que hizo suyas algunas de las señas políticas del nacionalismo en detrimento del ideario clásico de la socialdemocracia.

Avanzando hacia un modelo de Estado federal, el PSC encontraría un encaje con identidad propia en el futuro Parlamento estatal. Lo han dicho por escrito, pero, como digo, más allá del plano de lo simbólico, la propuesta no ha despertado eco social porque, amén de estar luchando para encontrar empleo o para conseguir un crédito con el que pagar los impuestos o para no tener que cerrar la empresa, el personal está al tanto de que sin el concurso del PP -la fuerza parlamentaria mayoritaria-, no se puede cambiar la Constitución y es sabido que Rajoy tiene ahora otras prioridades (la situación económica) y otros problemas (las acusaciones del extesorero Bárcenas). Así que si en el PP no están por la labor, la iniciativa de Rubalcaba se queda en nada práctico. Cuando menos, de momento. Otra cosa es el valor político que se quiera conceder a la iniciativa porque ahora ya es un compromiso oficial del PSOE.

Si recordamos que UPyD también quiere reformarla (en su caso para recentralizar el Estado) y que IU quisiera modificarla para cambiar hasta de forma de Estado, ya tenemos un escenario político en el que tres fuerzas parlamentarias -cada una por caminos y razones diferentes- están dispuestas a romper el tabú que aparejaba hablar de una eventual reforma constitucional. Que sea o no el momento político oportuno para abrir el melón no resta importancia al cambio. Hoy el PP no está por la labor (y tiene su lógica que sea esa su posición), pero la política es tornadiza y las circunstancias cambian. Lo significativo es que se ha roto el tabú, el miedo a tocar la Carta Magna.