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Comedia de enredo – Por Francisco Pomares

   

Lo de la Palma tiende a parecerse a una mala comedia de enredo: la decisión de la presidenta del Cabildo de destituir a los consejeros socialistas de sus responsabilidades en el Gobierno ha sido escrita por un pésimo guionista de vodevil: ni Guadalupe González Taño quería esa destitución, ni la querían evidentemente los socialistas, ni es bueno para un Cabildo que se sitúa a la deriva, ni sirve para absolutamente nada más que para demostrar que en API están muy enfadados porque el PSOE mantiene los pactos que firmó con el PP en los ayuntamientos, algo que ya se sabe, y que no impidió hace dos años que API aceptara el apoyo del PSOE para gobernar La Palma.

La situación palmera es tremebunda. No solo por la crisis económica, que afecta a la isla como al resto. En La Palma las cosas son aún peores, porque -de todas las islas del Archipiélago- es la que menos posibilidades de desarrollo tiene: con una población envejecida, una incidencia determinante del sector público en su economía (más funcionarios y empleados públicos que en cualquier otra parte de Canarias), una agricultura completamente subvencionada y un turismo en bancarrota, característica esa única en todo el Archipiélago, La Palma necesitaría de un acuerdo entre todas sus fuerzas políticas para intentar hacer frente a un futuro que se presenta muy negro. En vez de eso, sus dirigentes andan enzarzados en una peripatética pelea por hacerse con el control de un poder local cada día menos eficaz, y más condicionado por la absoluta ausencia de perspectivas. Ese gran proyecto político insularista que fue API se ha convertido hoy en un club dividido en dos partes (no dos mitades, porque hay una parte sustancialmente mayoritaria, que es la que teledirige Antonio Castro desde el Parlamento) que se comportan como si fueran irreconciliables, con filtraciones canallas y un envilecimiento creciente de la relaciones humanas en su seno.

La asonada del Cabildo no conduce a nada: supone abrir una nueva oportunidad para incrementar la tensión en un PSOE íntimamente dividido por el apoyo a Coalición Canaria en el conjunto de Canarias, y sitúa al Cabildo ante el abismo. Solo sirve para que González Taño coloque a los suyos en los puestos dejados vacantes por los socialistas, algo que ha tenido más peso del que pueda parecer en la decisión adoptada. Se trata de una decisión basada exclusivamente en el interés del partido y de sus afiliados, no de la isla o sus instituciones. Pero es lo que hay, aquí nadie está a lo que debe. Otro ejemplo: mientras La Palma se estanca en el peor modelo posible, el presidente Rivero sigue erre que erre con su candidatura…