X
LA ÚLTIMA (COLUMNA) >

Controlar al enemigo – Por Jorge Bethencourt

   

La lucha del siglo XXI no es la confrontación de ideologías políticas, sino una batalla perdida por el individuo. Las opciones políticas clásicas parten de la premisa de que la organización de la sociedad es un valor superior a las libertades individuales y solo discrepan en la mejor forma de manejar los recursos estatales.

El Estado, como la forma más elevada de organización social, se ha tornado un monstruo poderoso e insaciable. La intervención de las democracias en el ámbito de los derechos individuales parece no conocer límites. Con la pretensión de velar por nuestra seguridad se han dotado de fórmulas cada vez más sofisticadas de control de los ciudadanos. Revisar nuestras pertenencias o nuestros cuerpos en los aeropuertos, intervenir y almacenar nuestras comunicaciones de forma preventiva, obligarnos a documentar cada una de nuestras acciones vitales, desde nuestro nacimiento a nuestra defunción; comunicar nuestros cambios de residencia, acreditar en cualquier momento nuestra identidad… Y en un próximo futuro, utilizar exclusivamente el dinero de plástico -las tarjetas- en nuestras transacciones y compras, con lo que se tendrá una foto fiel de nuestros gastos y hábitos. Ya hasta se prescinde de la necesidad de dotar de una coartada moral a las grandes decisiones del monstruo. No hace falta. La democrática Europa se apropia de los depósitos bancarios de los ciudadanos. Lanza a sus policías fiscales como a los viejos recaudadores de diezmos del medievo. Acosa a los trabajadores y empresarios y ejerce el derecho de pernada sobre todo lo que se produce. Por dondequiera que nos movemos hay cámaras que registran nuestros pasos. Pagamos por tener una vivienda, por circular por las calles con un vehículo, por hacer las carreteras, por mantenerlas, por acreditar que vivimos donde vivimos, para que nos den una identidad obligatoria, por comprar un bien o venderlo, por dejar una herencia o recibirla, por pintar la fachada de nuestra casa o reformar un cuarto de baño… Nos ordeñan sistemática y meticulosamente mientras mejoran todos los sistemas para regular los actos de nuestras vidas, incluso los más personales, como nuestras relaciones sentimentales.

El enfrentamiento del futuro es la lucha por reducir el control de nuestras vidas por los estados y las grandes corporaciones, el gran hermano que acumula información sobre nuestros actos. Una batalla perdida en unas sociedades dóciles y conformistas, que son las primeras en ceder libertad a cambio de una falsa sensación de seguridad. Las nuevas revelaciones de complejos sistemas con los que los gobiernos controlan las comunicaciones de los ciudadanos ya no sorprenden a nadie. Lo aceptamos resignadamente como un precio inevitable de la vida en sociedad.