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Crisis energética – Por Isidoro Sánchez

   

Seguimos sin aprender de las experiencias que, en el último siglo, nos propiciaron ciudadanos singulares, normales, sensibles, hijos del campo, preocupados por el interés general, acerca de las percepciones de la situación que la España finisecular del XIX vivía en materia política. Uno de ellos fue Joaquín Costa, un aragonés de pura cepa que vivió muchas veleidades políticas europeas y americanas, además de la desamortización general, el reparto europeo de África y la guerra de Cuba, Filipinas y Puerto Rico. Afortunadamente conoció la irrupción de la electricidad y la importancia de la Generación del 98. El discurso que leyó en los Juegos Florales de Salamanca a principios del siglo XX, 1901, dejó huella en la sociedad española, incluso llegó a Canarias de la mano de sus admiradores González Díaz y Lugo Massieu. Su conferencia fue un auténtico decálogo crítico acerca de la política española que se vivía a caballo de los dos siglos por mor de la monarquía. En realidad por el desgobierno que caracterizaba el arranque de siglo. De ahí su apuesta decidida por el regeneracionismo político, por un cirujano de hierro que fuese capaz de liderar moralmente el país y acometiese las reformas de urgencia que se necesitaban para escapar de la decadencia y modernizar España. De los más de 10 enunciados prácticos que dejó como testamento político destacan algunos que no tienen desperdicio. Por su vigencia resaltaré los que proponían el cambio radical en la aplicación y dirección de los recursos y energías nacionales (presupuesto volcado en educación, obras hidráulicas, repoblación forestal, investigación científica); las reformas en todos los niveles de educación; los suministros de tierras cultivables; una nueva legislación social; la europeización del país, de la moneda y otras actividades productivas; la creación de un poder judicial digno de su función; el autogobierno, con la municipalización de servicios públicos, industrias y comercios; y también la propuesta que formuló de renovar todo el personal gobernante de los últimos 25 años. Mantuvo una actitud revulsiva frente al sistema del turno de partidos y denunció los egoísmos y las torpezas de los políticos. Aunque sus propuestas cayeron en saco roto le permitió adquirir un liderazgo moral que cien años después de su fallecimiento le ha sido reconocido por las Cortes Generales españolas. Llama la atención el paralelismo que existe entre la política actual del Gobierno español en materia energética con laque nos ofrece la sombra alargada del discurso, más que centenario, del ilustre político y profesor aragonés Joaquín Costa. Es que estamos inmersos en una verdadera crisis energética y lo que más siento como ciudadano es que está propiciada por un paisano canario que se apellida Soria, que no da el brazo a torcer por no sé qué extrañas razones.