X
sobre el volcán >

¿De verdad que son tus amigos? – Por David Sanz

   

Hace unos años, cuando la crisis todavía ni se olía y todo era más fácil, e incluso parecíamos más felices, un político de cierta relevancia en La Palma me comentaba que iba a pasar el fin de semana al hotel de Fuencaliente acompañado de sus “amigos”. Genial, le dije, la verdad es que es un buen sitio para desconectar de la rutina y recargar las pilas, aunque por ese entonces las piscinas y el comedor del Princess, un sábado o un domingo cualquiera, parecían la calle Real, lo que impedía olvidarte un poco de lo que había fuera; ahora creo que hay menos paisanaje local. Continuó con el tema y me dijo: “¿Sabes quiénes son mis amigos?”, muy al estilo Amaral. La verdad es que no sentía el más mínimo interés ni curiosidad en conocer con quién gastaba su tiempo libre esta persona, pero como son esa clase de preguntas que llevan implícita la aceptación de que te tienes que comer la respuesta, velis nolis, empezó a recitar una lista de poderosos empresarios de Canarias sin yo poder chistar. “¡Oh!”, exclamé en un tono ciertamente irónico, que creo que no captó. Me miró, arqueó un ceja y dijo con un aire sublime: “Estos son mis amigos”, de vuelta la paliza de Amaral. La verdad es que no sé qué pretendía con aquello. ¿Impresionar, amedrentar, presumir o simplemente describir? Quizá todo a la vez y nada en concreto. Yo, al contrario, sentí cierta lástima. He recordado estos días aquella conversación, tras hablar con personas que han perdido sus puestos de trabajo o sus responsabilidades públicas y notan que reciben un trato muy distante por parte de muchas personas que antes parecían sus más cercanos allegados. La vida es un cruce de intereses, donde la limpieza de intenciones prácticamente no existe. Además, la crisis se ha llevado por delante hasta la capacidad de disimulo, de guardar las formas, y quien antes te ensalzaba, ahora te deja tirado como una colilla en medio de la calle. Claro que también ha servido como criba, para separar el grano de la paja y descubrir a los amigos de verdad, a los incondicionales, a quienes están a las duras y las maduras. Ha sido un buen ejercicio de depuración, y lo más triste es que probablemente esos amigos de verdad estaban olvidados en las últimas páginas de la agenda, sepultados por la manada de pelotas que te hacían el juego mientras tenías cierto poder. Me temo que aquellos amigos de los que presumía nuestro político ya no existen.