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Dos sucesos – Por Francisco Pomares

   

Leo en el periódico un par de sucesos sin ninguna conexión, pero que definen bien el estado actual de la cosa: uno cuenta el robo en la sede del PP de Tenerife, en el que los cacos apenas se llevaron algún material impreso de escaso valor (si era de escaso valor serían casi seguro programas electorales) y también un par de cervezas, que no todo van a ser debates ideológicos. Se me ocurre que -al socaire de las últimas noticias sobre Bárcenas y los sobresueldos del PP- los ladrones debieron pensar que en la sede del partido se guardaría algún dinero. En principio, el robo no parece tener nada que ver con un watergate local: no es probable que nadie este interesado en grabar conversaciones privadas de Manuel Domínguez, Cristina Tavío o el señor Alarcó. Y en cuanto a los papeles de Bárcenas -originales y peritados- ya están en poder de Pedro Jota, que los irá largando en su periódico según le convenga. En el PP de Tenerife lo más parecido a un contabilidad paralela fue aquel episodio tan sicalíptico de las facturas municipales con la ropa interior de doña Cristina, facturas que hoy cotizarían lo suyo en eBay. El otro suceso es más serio: tiene que ver con un alboroto público en el barrio de Cruz de Piedra, en Las Palmas de Gran Canaria, en el que efectivos de la Policía Nacional dispararon sus armas al aire para contener la protesta ciudadana. Al parecer, una intervención policial contra un joven que conducía una motocicleta sin llevar puesto el casco acabó con el motorista detenido y esposado en el suelo y con un policía presionándole el cuello con su bota, lo que provocó la indignación de los vecinos. En pocos minutos, la protesta había congregado a medio centenar de transeúntes cabreados por el comportamiento innecesariamente violento de la policía.

Pocos minutos después del incidente, en la zona había -según los vecinos- medio centenar de agentes, que actuaron con gran contundencia represiva contra los presentes, incluso con disparos al aire, lo que provocó carreras y escenas de pánico. Los vecinos denunciaron comportamientos brutales por parte de los agentes, y un testigo grabó parte de lo ocurrido y lo colgó en YouTube, en un vídeo en el que se escuchan los disparos…

Vivimos tiempos muy revueltos, en los que es fácil desatar la indignación de una ciudadanía cansada de recortes, golfería y promesas incumplidas. La policía debería actuar con exquisita prudencia para no convertirse en detonante de situaciones potencialmente explosivas. Lo ocurrido debe ser investigado, depurar responsabilidades, si las hubo, y ofrecer explicaciones a la ciudadanía. Las ciudades de Canarias no son el Chicago de los años 20.