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Encinoso – Por José David Santos

   

La rambla de Pulido fue uno de los patios traseros de mi infancia. Recuerdo con especial nostalgia, incluso melancolía, cómo en las cabalgatas de Reyes y Carnaval nos pegábamos horas cuidando sillas para que la familia y los amigos, que visitaban la casa de mi abuela o la de Carmita -su vecina, y madre del que era, y es, mi amigo Ale, separados en la llegada a la vida por meses y que crecimos juntos al borde de las aceras de la cercana calle Castro-, disfrutaran de los desfiles. Recuerdo también la esquina del Pic-Nic (que aún perdura), pero sin terraza; o el callejón, donde jugábamos a la pelota, aunque no podíamos; o el Burger King que abrió en lo que hoy es una sucursal bancaria; o Calzados Sánchez, que eran de una parte de la familia, y donde no solo me compraban zapatos, sino que en Reyes la prima Lolita y Paco siempre me regalaban un libro. En los recuerdos de mi madre, tíos y, sobre todo, de mi abuela, que aún rememora, pese a sus noventaitantos, cómo era la rambla Pulido hace setenta u ochenta años, existe una calle de tierra, con un tranvía de los viejos, chorros con agua y una familiaridad que, evidentemente, no conocí, pero con la que me crié gracias a la memoria de Mercedes. Así todo, yo también tengo imágenes que forman parte de la pequeña historia de Santa Cruz; desde la más obvia de la vieja plaza de la Paz, que para mí no era plaza, sino fuente, a la de tiendas que ya no existen -alguna perdura como Casa la Guitarra donde compraba siempre los pitos de murga- o que han cambiado mucho. Una de ellas es Deportes Encinoso; su viejo y lejano escaparate fue punto de frecuente peregrinación cuando, por ejemplo, esperaba la guagua del colegio o la de Titsa que me llevaba a entrenar o a la universidad. Durante mucho tiempo fue la tienda de deportes. El otro día, bajando del periódico a la plaza de Weyler vi que el local anunciaba una liquidación y no sé si un cambio de actividad; vamos, que todo indica que ese Deportes Encinoso desaparece. Paso del tiempo, la crisis, la nostalgia o todo a la vez, pero lo cierto es que me dio pena porque, en el fondo, aquella tienda representa un tiempo pasado que igual no fue mejor, pero, a veces, lo aparenta muy bien.

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