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Entre élites – Por Paco Déniz

   

Es muy difícil meter entre rejas a alguien de la élite social política y económica. Realmente difícil. Por una sencilla razón, todos comen juntos y van a los mismos restaurantes y eventos. Veranean y esquían juntos y establecen relaciones y contratos matrimoniales entre sus hijos e hijas y claro, luego pasa lo que pasa: “Oye, haré todo lo que pueda para solucionar lo tuyo, pero dame tiempo. Te quiero un montón, estamos contigo”. Porque hay que reconocer que el vínculo de parentesco jala mucho, sobre todo el que se establece alrededor de una botella de vino o champán carísimo de nombre afrancesado y producido antes de que uno naciera.

La flor y nata social es mucho más consciente de sus afinidades e intereses de clase que los obreros. Muchísimo más, y el de sus relaciones es un ámbito que cuidan exquisitamente. Empresarios, políticos conservadores, jueces, militares de alta graduación y algún cura que otro suelen frecuentarse. La bronca que se estableció entre el juez Gómez Bermúdez y Ruz ya fue bastante patética y fea, por no decir sospechosa, sospechosa de representar a estos diferentes ámbitos del contubernio.

Ahora, el juez Ruz tiene que dejar su puesto porque él era solo un sustituto. Luego, verán ustedes que algún euroabogado observará un defecto de forma y Bárcenas saldrá a la calle para volver a empezar. Si a eso le añadimos el descubrimiento de la filiación política pepera del presidente del tribunal constitucional, ustedes dirán.

La batata se mareará hasta que la ciudadanía aumente un grado de descrédito y desafección hacia las instituciones.

Todo recuerda a aquel pasaje de la Vida de Brian en la que un ejército de romanos entra en una habitación pequeñita y desvencijada buscando militantes cristianos antiimperialistas y no encontró nada. Y repitieron la escena unas cuantas veces y nada de nada.

Lo mismo pasa con esta investigación: es algo tan evidente y sabido lo que ha pasado, que lo raro, raro, raro, es que pretendan engañarnos con más investigaciones, más pesquisas y demoras. Y a todo esto, al chantaje que hicieron y hacen los constructores se le sigue llamando donación. ¡Tírate al suelo y di que te dio un dolor!