X
la última (columna) >

España federal – Por Jorge Bethencourt

   

Esto es como si cuando se hunde el barco uno escucha al contramaestre disertar sobre la necesidad de cambiar el diseño del casco mientras el capitán le responde airado que el barco funciona bastante bien sin necesidad de reformas. ¡Pero, rebenques, si es que se está hundiendo! Desde hace unos años España se ha ido pegando con todos los icebergs que flotaban en su trayectoria: los escándalos de financiación de partidos, los separatismos, la crisis económica, la destrucción de empleo, el empobrecimiento de la sociedad… En medio de esta desolación, plantearse que la solución a nuestros problemas es el modelo de Estado supone una demostración de ingenuidad pantagruélica. El PP considera que los males de este país obedecen a la falta de unidad de mercado, al crecimiento oncológico de normas y reglamentos autonómicos, al gasto desbocado de los reinos de taifas en que se han convertido las autonomías. Pero el discurso de los populares choca con la realidad. California no es igual a Oregón y en los Estados Unidos las cosas funcionan pese a las diferencias entre los estados federados. El PSOE cree que la solución a nuestros males está en la construcción de un estado federal que de respuesta a las ambiciones de catalanes y vascos y permita el desarrollo de identidades plurales. Pero así es como ha funcionado casi exactamente nuestro Estado de las autonomías, que nos ha llevado hasta aquí. El problema de España es sentimental, no de construcción política. Ninguna concesión satisfará la ambición de Cataluña o de los independentistas vascos porque se asienta más sobre la idea romántica de la identidad nacional que sobre la razón práctica de un sistema de amplio autogobierno. El acercamiento entre los dos grandes partidos que ayer saludábamos como un principio de entente para abordar la grave situación del país ha terminado con dos ideas antitéticas enfrentadas, el proyecto de recentralización de España puesto sobre la mesa por los populares, con las leyes contempladas en en el Plan Nacional de Reforma y la Comisión para la Reforma de las Administraciones Públicas, y el proyecto de Estado federal y reforma constitucional propuesto por el PSOE. De nuevo, entonces, tenemos a las dos Españas enfrentadas en ideas de que se contradicen, que se oponen, que divergen sin encontrar nunca puntos de coincidencia. La crisis profunda que amenaza este país no es la económica, sino la de la confianza de los ciudadanos. Esto huele a quemado. Porque quienes gobiernan en la alternancia del bipartidismo, encallados en sus propios intereses políticos, andan más pendientes de salvar el trasero de sus partidos que en comprometerse con un gran pacto que dé estabilidad al país. Gato blanco, gato negro, qué más da si caza ratones. Y este gato famélico ya no se caza ni el rabo.

@JLBethencourt" target="_blank">@JLBethencourt