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Futuro rey – Por Rafael Martínez-Simancas

   

Solo el reloj biológico que usan en Buckingham Palace, fórmula secreta de la dinastía Windsor, sabe en qué año el recién nacido príncipe llegará a la corona. Antes de que se produzca ese milagro (debido a la longevidad insultante que maneja la familia), tiene que dejar el puesto la reina Isabel, pasar luego a su hijo Carlos y luego ya veremos si alguien no levanta la mano para señalar que tiene un mayor derecho sobre el título. Hasta que llegó a Aznar al Gobierno en España se decía en estos casos: “¡No te queda mili!”, pues algo parecido habría que traducir al recién nacido que antes de tener nombre ya tiene cargo con sus respectivas obligaciones. Y lo que es más angustioso: todo un futuro por delante hasta que llegue a reinar, ya puede aficionarse al polo como su abuelo, así los domingos por la tarde se le harán más cortos. Algunas cosas las podemos dar por sentadas: cuando el pequeño futuro, el rey en pañales, el egregio mocoso llegue a la corona todavía seguiremos hablando de la soberanía de Gibraltar y tendremos los tradicionales incidentes con las planeadoras en la bahía de Cádiz. En España Gallardón seguirá meditando si dejar la política o continuar apoyando con toda su intensidad a un Mariano Rajoy que estará felizmente jubilado en sus menesteres. Algunas cosas no cambian así que tampoco descarten que para mitad de siglo no continúen apareciendo cuentas secretas de Bárcenas y correos de Urdangarin que tenga el antiguo socio guardados debajo de un ladrillo. La estabilidad institucional británica es envidiable, podemos especular acerca de qué modelo de iPhone se usará cuando el pequeño reine pero podemos dar por seguro que ese día llegará. En cambio aquí parecen las cosas bien distintas, somos el país que eligieron los tres cerditos para construir la casita de paja y cartón. Lo único que podemos dar por cierto es que para entonces seguiremos hablando del problema de diseño de Estado, de cómo son las relaciones del Gobierno central con las autonomías y de si el padre de Messi fue culpable en aquel butrón que le hicieron a Hacienda a través de los derechos de imagen del jugador.