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La ‘habilidad’ de la política – Por María Fresno

   

Los empresarios, especialmente los de Tenerife, están que trinan. La manera en la que el Gobierno regional está llevando las negociaciones del nuevo REF (nuestro Régimen Económico y Fiscal) no gusta nada a un sector que ha puesto todas sus esperanzas en este documento. Liberados de prejuicios, no solo van a negociar el REF con el Ejecutivo canario, que últimamente no les abre ni las puertas, sino con el Gobierno central, que para eso José Manuel Soria ha investido recientemente a Agustín Manrique de Lara como presidente de la patronal grancanaria. Hábil jugada la del ministro canario de Turismo e Industria que, poco a poco, va extendiendo sus tentáculos por todo el Archipiélago, con el objetivo de dar cancha a su ambición de presidir Canarias. Tenerife, con fuertes lazos nacionalistas y algún que otro guiño al PP, vuelve a quedarse atrás, mientras que Gran Canaria, como siempre, juega al lado del poder. La prueba clara no es solo la política que hasta el momento ha llevado el ministro con Canarias, que por fastidiar a quien le quitó la presidencia del Gobierno (Paulino Rivero) es capaz de perjudicar a la propia sociedad canaria, sino el apoyo claro de su delfín a las prospecciones petrolíferas y a que se retrase hasta 2015 la aprobación del nuevo REF, porque esto permitirá negociar el documento en unas condiciones más favorables. Todo en clara sintonía con el PP. Mientras tanto, el Partido Socialista, socio de Gobierno, observa el partido desde la grada como un espectador más, cuando debería estar en el campo sudando la camiseta. El vicepresidente del Gobierno, José Miguel Pérez, si quiere ser invitado al partido deberá salir del vestuario y saltar al terreno de juego y dejar de presionar a colegios concertados y guarderías e involucrarse más en los asuntos del Gobierno para no dar la imagen de que el Partido Socialista es un eterno suplente. No corren buenos tiempos para la economía, pero para la política tampoco. La corrupción generalizada y la absoluta incapacidad de los políticos para zanjar esta crisis económica han provocado tal desazón, desánimo y crispación que solo un tsunami generacional de políticos devolvería la esperanza a la sociedad. Algo que la experiencia me dice que es bastante improbable que ocurra. Por eso no estaría de más recordar las sabias palabras de Montesquieu: “La corrupción raras veces comienza por el pueblo”. Así que, avisados quedan. Todos.

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