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EL FIELATO >

Humo – Por José David Santos

   

Hay mensajes que por mucho que se lancen al mundo no terminan de calar y de tanto repetirse se convierten en una suerte de murmullo al que nos adaptamos como si formara parte del paisanaje. Hartas están las personas con dos dedos de frente de pregonar y gritar hasta la afonía que el desastre en el que estamos sumidos no es solo económico, sino cultural y social. Anoche ese vocerío en el segundo plano nos seguía rumiando, entre otras cosas, que somos cada vez más analfabetos; que estamos perdidos en medio del torrente de pequeñas y grandes corruptelas; que la única manera de que esto camine de nuevo hacia adelante es apostando por el talento y la formación; que las consecuencias de tanto desdén hacia las aulas de Primaria, Secundaria, FP o la Universidad se transformará en una sociedad más dependiente, más ignorante, más débil. Pero nada de eso era anoche lo relevante; de hecho, ni siquiera importaba nada que en la relación de informaciones de la jornada se colaran pocas o ninguna noticia que tratara sobre asuntos tan, tan, tan… pasto del murmullo. Eso sí, horas y horas dedicadas a un partido de fútbol, a un enfrentamiento entre Brasil (ese país que crece más que ninguno, pero que, por contra, vive sumido en un conflicto sin precedentes ante el abismo que se está abriendo entre ricos y pobres) y España (ese país que no crece, que vive ya dividido y cuyo abismo tiene más eco que el cañón del Colorado) que se describía con términos como épico, único, histórico. No digo yo que un encuentro deportivo de un torneo menor sea relevante para el ego y el orgullo patrio de brasileños y españoles, pero de ahí a transformarlo en opio va un trecho grande y triste. Pocas veces, y mira que España a la hora de encubrir la realidad con el deporte es especialista recurrente, había sentido que el rodar de la pelotita podía ser tan poderoso. El día a día está lleno de cortinas de humo; muchos las crean por sí mismos para afrontar la dura realidad y seguir adelante, y las hay ajenas como el fútbol, que genera un humo negro y denso. Quizá, demasiado negro, demasiado denso.

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