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Hundimiento – Por Alfonso González Jerez

   

Un buen resumen de la apología sofística a favor del PP en el caso Bárcenas -el que parece más objetivo y todo- es aquel que señala que se trata de un delincuente que está arrojando tinta de calamar y, ¿por qué hay que creer a un tipo entalegado por lo que el juez cree indicios fiables de evasión fiscal? Desde este punto de vista, la documentación aportada por Bárcenas no demuestra absolutamente nada. Igual se la inventó hace tres días o tres meses. Tristemente este argumento es aun más débil de lo que parece. La porfiada actitud de los dirigentes del Partido Popular en este asunto durante el último medio año relativiza mucho -como mínimo- el argumento de un Bárcenas sansonístico que quiere hundirse arrastrando a todo el Gobierno consigo. Los dirigentes del PP han mentido sobre la relación contractual y económica de Bárcenas con su organización, se han negado a facilitar públicamente las cuentas de la misma y sus declaraciones de hacienda, han rechazado una auditoría externa, han reconocido a veces crasos sobresueldos y se han negado a cualquier investigación parlamentaria al efecto.

Por último, el mayor mentís de esa imagen caricaturesca del extesorero -un vengativo defraudador al que le importa un pimiento dinamitar un Gobierno y cubrir de vileza a la cúpula del que fue su partido durante 25 años- está en el pútrido, indignante, acobardado, burlesco silencio de Mariano Rajoy, que no se ha atrevido ni a decir su nombre ni se ha sometido a las preguntas de los periodistas ni ha brindado una explicación que no sea un pequeño vómito pueril en las Cortes, eructado entre tartamudeos y jeitos.

El tesorero durante veinte años de un partido de decenas de miles de militantes afirma que organizó y gestionó, al alimón con su antecesor, un sistema de financiación basado en las mordidas, los chantajes, las comisiones y el reparto de los fondos entre cargos institucionales y orgánicos. La respuesta de Rajoy es, de nuevo, el silencio más insultante, la de sus ministros, echarse a correr cuando detectan a un periodista. Todo el partido calla, cuando son los militantes del PP -y sus muchos dirigentes ajenos a este inmundo saqueo- los primeros que deberían pedir explicaciones detalladas y la asunción de responsabilidades políticas. En Canarias el silencio es igualmente atronador -un síntoma más de una degradación política patológica- y nadie pregunta, siquiera por curiosidad mostrenca, por esa anotación en la contabilidad B del PP publicada ahora por El Mundo: Deuda. Tenerife Telemarketing. Septiembre 2001. 4.600.00 pesetas. ¿Algo que decir, señor Soria? ¿Algo que aportar, señor Guigou?