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Ideales – Por José David Santos

   

La verdad es un concepto tan categórico que a uno le da miedo determinar qué se merece aplicarle tal calificativo. Siempre nos han dicho que la objetividad no existe, que todo es pasto de la interpretación, del matiz, del enfoque, de donde se pose la mirada que observa o se arrime el oído que escucha. Por eso somos seres tan racionales como pasionales y aplicamos a los hechos factores como la fe o la creencia y pocas veces, casi nunca, acudimos a criterios basados en la razón, los datos e incluso la demostración empírica. El ser humano ha filosofado en torno a esta virtud/defecto que nos hace ser animales únicos; pero ahí seguimos, luchando por o en contra de ideas, sentimientos y lealtades de manera inexplicable. En estos días de ruido y furia esos modos de actuar se están radicalizando, lo que, pese a la carga de negatividad que se le aplica al término radical, no es necesariamente malo. Conozco personas con las que no comparto ideas o modos de actuar, pero a los que les reconozco esa pasión en defensa de sus posturas, incluso cuando la realidad les da un tortazo y les quita argumentos, pero ellos perseveran apostando por lo que creen, por lo que sienten, por lo que estiman que es mejor. Es cierto que eso ha generado y genera dolor y muerte en muchos lugares de este planeta tan azul como cruel, pero desvalorizar una lucha llevada al terreno de las ideas con la excusa de una potencial violencia es una suerte de censura y control que no debemos admitir. Esta diatriba viene a cuenta de los titulares en distintos medios de comunicación ante el barro que salpica a la actividad publica y política en España. Uno lee ataques de un lado y otro en los que asoma, por una parte, la violencia como recurso para cambiar las cosas o dejarlas tal cual y, por otro, el desprecio hacia los que hablan de otros modelos de sociedad, tachándolos de estúpidos o utópicos, o que defienden el actual porque creen en él pese al hedor a podredumbre que se acumula en algunos recodos del sistema. Quién posee la verdad, no lo sé, pero sí tengo claro que en la ecuación que defina nuestro futuro hay que saber aprovecharse de lo bueno de unos y otros si queremos salir adelante. Hay que creer en los ideales.

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