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Letra y espíritu – Por Antonio Casado

   

El caso del presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Pérez de los Cobos, aparece con poca defensa argumental si nos atenemos a la letra. Pero si migramos de la letra al espíritu del debate abierto cuando se supo que era militante del PP al ser elegido como magistrado en 2010, la cosa ya se pone más complicada. “A este paso va a acabar siendo punible votar al PP”, ha declarado González Pons. El conocido diputado y dirigente de este partido ha quedado ocurrente, pero absolutamente fuera de onda. Nadie sostiene que sea vergonzoso, vergonzante y mucho menos punible, pertenecer al PP. Pero Pérez de los Cobos actuó como si lo fuese al ocultarlo en su día, cuando accedió al Tribunal Constitucional a propuesta precisamente del partido al que pertenecía como militante.

Si el ya presidente del alto tribunal ocultó entonces su condición de afiliado a un partido político no fue, se supone, porque se avergonzase sino porque, con la letra en la mano del régimen de incompatibilidades para estos casos, se le hubiera cerrado el paso con toda probabilidad. Así que fue un ocultamiento interesado y, al tiempo, una falta de respeto a la institución y a sus compañeros. Insisto: no por ser políticamente afín a un partido político, sino por no haber tenido la gallardía de defenderlo entonces como lo defiende ahora, acosado por otras fuerzas políticas que piden su cabeza. Y eso sirve también para los dirigentes del PP, que defienden la continuidad de Pérez de los Cobos al frente del alto tribunal en base que tres de los doce magistrados ocuparon en su día altos cargos en los Gobiernos del PSOE.

Aunque la argumentación del PP sea, efectivamente, tramposa y sobrevenida, desde el punto de vista de la normativa en materia de incompatibilidades, es verdad que la mención de los tres nombres afines al PSOE (Xiol, Ortega y Valdés) en la actual composición del Tribunal Constitucional, toca la fibra del asunto: ¿Hace falta ser militante de un partido para ser tan disciplinado como el más afín y más disciplinado de los militantes?

Sin trampas en el solitario habrá que convenir en que no está más ni menos amenazada la imparcialidad de unos magistrados cuya afinidad política, esa sí, queda garantizada desde el momento en que deben el cargo a tal o cual partido. Y visto así, no parece que sea de mejor condición la afinidad con militancia que la afinidad sin ella. Por tanto, no exageremos la nota. Salvo que ignoremos el espíritu de la polémica y nos quedemos sólo en la letra.

Se plantea un caso de incompatibilidad contemplado en la Ley Orgánica del Poder Judicial (prohibición a los jueces de militar en un partido político), en relación con el punto 4 del artículo 159 de la Constitución Española.

Dice así: “Los miembros del Tribunal Constitucional tendrán las incompatibilidades propias de los miembros del poder judicial”. Con la letra en la mano, y solo con la letra, Pérez de los Cobos lo tiene mucho más difícil.