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Malas noticias – Por Francisco Muro de Iscar

   

No hay día en que la universidad no sea noticia, no por su excelencia, por el trabajo de sus profesores, por su capacidad científica o por el buen rendimiento de sus alumnos. Hay buenos centros, grandes profesores, excelentes investigadores y alumnos de primera. Pero son los menos. La universidad es noticia, por ejemplo, porque los rectores de las universidades catalanas quieren reducir la duración de las carreras universitarias a solo tres años y dos de máster. Cuando todavía Bolonia no se ha consolidado ni ha dado fruto, queremos enseñar una carrera ¡universitaria! en tres años y luego obligar a estudiar un máster dos años a precios más altos. Estos rectores son los mismos que se quejan por la subida de las tasas y los que, al menos en algunos casos, castigan presupuestariamente a las facultades que suspenden más. Dicho de otra manera, si un profesor suspende más de lo normal, se penaliza presupuestariamente a su centro. Así que se baja el umbral del aprobado hasta donde sea necesario para no perder ingresos futuros. El Tribunal de Cuentas, por su parte, no solo fiscaliza con escaso éxito y enorme lentitud a los partidos. En su último informe sobre el sector público autonómico, analiza los gastos de 33 universidades públicas en 2008 y 2009 y no solo denuncia desviaciones presupuestarias del 31,20% (2008) y del 35,24 (2009) -imagínense lo que habrá pasado desde entonces, con más recortes y menos ingresos-, sino que pone sobre la mesa otros llamativos asuntos: indemnizaciones, a modo de premio y sin soporte legal, de hasta 300.000 euros a 1.500 profesores jubilados anticipadamente o el exceso de profesorado en muchos campus en relación con el número de alumnos que se traduce en que los docentes no imparten los créditos anuales establecidos por ley. En algunos casos ni una tercera parte. En universidades como la de Extremadura, hay un profesor por cada 12 alumnos: en la de La Rioja, uno por cada nueve, y en la Politécnica de Cartagena, uno por cada 11. Un alumno de Ciencias cuesta a la Universidad de Cantabria -es un eufemismo, se lo pagamos nosotros- 28.207 euros por curso mientras en Cartagena solo 8.496. La graduación completa llega a 147.031 euros en Cantabria y solo a 33.985 en Cartagena. Y cada alumno, incluso con la subida de las tasas, solo aporta un 10 o un 15% del coste real. Entiendo perfectamente la oposición de los rectores de las universidades de Madrid -e imagino la de los estudiantes y sus familias- porque la comunidad quiere subir este curso un 20% las matrículas. Es un disparate. Pero solo es la punta del iceberg. Ni hay control real sobre el gasto de las universidades ni sobre sus recursos ni sobre su calidad. Nos están engañando y nos estamos dejando engañar porque no queremos ver el fondo.