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Más sobre Bárcenas – Por Leopoldo Fernández

   

No es fácil acabar con el gota a gota -cada dos por tres, más papeles; todas las semanas, nuevas revelaciones que perjudican al PP y a Rajoy- que utilizan Luis Bárcenas y sus conmilitones. Cercado por la justicia, el extesorero del PP es una máquina bien engrasada para hacer daño, no solo al partido del Gobierno, que allá se las componga, sino al propio país. Ahí están los mercados, de nuevo nerviosos y con la prima de riesgo al alza, para acreditarlo. Claro que todo esto les importa bien poco al tal Bárcenas y a Pedro J. Ramírez, aliados en defensa -ambos coinciden, qué casualidad- de “la verdad”. Pero, ¿qué verdad? Porque cada vez que habla, el extesorero dice una verdad distinta, o aporta un papel diferente para seguir acosando a la dirección popular en una especie de aviso sobre lo que sabe y calla. Si cada filtración fuera respondida con nuevas denuncias ante los tribunales -como hizo ayer la señora De Cospedal- y Rajoy compareciera de una vez por todas, en sede parlamentaria, probablemente el caso Bárcenas moriría de inanición. Pero Rajoy es muy gallego y muy tozudo. Cree que las cosas se queman con el paso del tiempo, pero aquí es el tiempo el que achicharra al presidente del Gobierno por su falta de coraje y su pasotismo, en este como en otros asuntos fundamentales. Ya sé que el PP ha ofrecido reiterados desmentidos sobre Bárcenas y los dirigentes populares, en el partido y en el Gobierno, han hecho piña con su líder nacional, aunque el caso huele también a conspiración interna. Pero su actitud es muy torpe ya que persisten en el error y no advierten que mientras Rajoy en persona -él y solo él- no salga de su escondite para ofrecer toda suerte de explicaciones sobre lo que ha pasado, y pasa aún, en el PP en materia de financiación, sobresueldos y otras zarandajas, nadie va a creer que la dirigencia popular ha sido y es un ejemplo de limpieza y transparencia en el manejo del dinero público… y privado. Es así como se funciona en los países democráticos serios: dando la cara, no ocultándose. Si hay responsabilidades, cada cual asume las suyas propias. Y si hay que dimitir, se dimite. Pero, aquí ni dimite nadie, ni nadie ofrece explicaciones convincentes. Con lo que el PP sigue bajo sospecha de inmundicias y prácticas delictuosas. Poco importa que quien siembra las dudas sea un golfo acreditado como Bárcenas, que probablemente ha robado al partido para el que trabajaba. Lo obligado es aclarar el alcance real de lo sucedido, de los sobresueldos, de las prácticas irregulares, de las fotocopias, verdaderas o falsas, que se han publicado. A cuatro años del destape del caso, seguimos igual: en espera de respuestas.