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El precariado – Por Alfonso González Jerez

   

Al que suscribe no le importa correr el riesgo de ser tachado de cenizo, disconforme o incrédulo, pero me las traen al pairo las cifras victoriosas de reducción del desempleo de la Encuesta de Población Activa. Ciertamente, incluso si las relativizamos aplicando el abandono de miles de ciudadanos de la búsqueda de empleo y los factores estacionales, se ha creado empleo en España. Pero se ha creado, obviamente, el único empleo que puede generarse con una economía plana que sigue arrojando descensos en su PIB: trabajo sumamente precario, con salarios de supervivencia y concentrados en muy pocas actividades económicas, porque lo cierto es que se sigue destruyendo tejido empresarial y comercial en este país. “La flor de invernadero” de la que habla con metafórico y cursi cinismo el ministro De Gindos no es una flor, sino un diminuto cardo borriquero. Anuncia la rápida configuración de una nueva clase social, a la que un sociólogo británico, Guy Standing, ha llamado el precariado, un término cada vez más ampliamente utilizado en la bibliografía académica desde finales de los noventa. La inmensa mayoría de los que han conseguido un contrato basura en los últimos meses no se integrarán de manera estable en el mercado de trabajo ni podrán construir, sobre unas mínimas garantías profesionales y salariales, un proyecto vital autónomo y responsable. “Contrariamente al proletariado, la clase industrial trabajadora sobre la que se construyó, política y electoralmente, la socialdemocracia tradicional del siglo XX, las relaciones de producción del precariado se definen por una implicación parcial en el sistema laboral combinado con un trabajo por obra o servicio extensivo a un abanico creciente de actividades”. Como explica Standing, el precariado no presenta ninguna unidad interna y sus miembros no comparten identidad ideológica, referencias simbólicas ni memoria profesional. La propia naturaleza de su estilo de supervivencia -contrato por horas durante tres meses, agónicas chapuzas varias, subsidio de desempleo, otro curro efímero y vuelta a empezar- explica su fragmentación, su ausencia de lazos de solidaridad o compromiso, su desprecio o hartazgo ante la afiliación política o sindical, su profundo escepticismo sobre cualquier cambio: el mismo exhausto escepticismo que compartiría un ratón corriendo sobre un barrilete dentro de una jaula metálica. La crisis financiera y económica ofrece así una oportunidad magnífica para establecer condiciones laborales que devienen un óptimo soporte político para la reproducción de un capitalismo oligárquico de amiguetes y mamones tutelado por el Estado con un carnet de gaviotas alígeras en la boca.