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Presunción de inocencia – Por Antonio Alarcó

   

No es la primera ocasión en que defendemos un derecho de primer orden como la presunción de inocencia, una garantía constitucional inherente a nuestra condición de ciudadanos. Puede parecer una obviedad, pero es bueno recordar, y lo haremos todas las veces que sea necesario, que todos somos inocentes salvo que se demuestre lo contrario.

Uno de los más elementales principios en el ámbito procesal determina que es el acusador quien debe probar la veracidad de sus argumentos, y debe hacerlo en sede judicial, nunca alentando juicios de telediario, o de primera plana de periódico, que no conducen más que a desacreditar el sistema democrático a ojos del ciudadano. Respetamos el derecho que tienen los medios de comunicación de informar en libertad, pero también es cierto que en España es gratis acusar aunque sea a través de mentiras.

El buen periodismo se caracteriza por contrastar las informaciones que ofrece, pero al final tendremos razón quienes sostenemos que hay buenos y malos profesionales en todas las áreas de actividad. Hay tantos malos políticos como malos ingenieros, curas, cocineros, jueces y, por supuesto, periodistas. Sobran casos de inocentes que fueron públicamente linchados por delitos que no cometieron, pero los mecanismos de la Justicia y del Estado de Derecho acaban por funcionar correctamente, aunque ninguno de nosotros sea ajeno al peligro que suponen unos juicios sumarísimos, que pueden ofrecer una nefasta imagen de España. Y este es un gran país.

Sorprende, por ello, que la facción del PSOE que representa Rubalcaba, pese a sus gravísimos problemas internos, se empeñe en cometer la grandísima irresponsabilidad de mantener una estrategia política guiada por un presunto delincuente, ligando su futuro al de Luis Bárcenas. La actitud de quienes hoy conducen los designios del principal partido de la oposición en España es tan abyecta y miserable como totalmente irresponsable. El rubalcabismo está siendo altavoz de un intento de chantaje, tanto privado como público, en el que parecen pretender que un presunto delincuente les conceda los votos que los españoles no les dieron, haciendo una causa general de indicios contradictorios. Más aun, este juicio de telediario se convierte en su excusa para presentar una moción de censura contra el presidente del Gobierno de España, por más que el PSOE, lamentablemente, carece de candidato, de propuestas y de apoyo ciudadano. Mientras, el Partido Popular se ha vuelto a ratificar esta semana en la legalidad de sus cuentas, y ha recordado que quien hoy está en prisión y declarando ante el juez, es la misma persona a la que se detectó un elevado patrimonio en Suiza en el curso de otras investigaciones judiciales. Es él, por tanto, quién habrá de explicar la procedencia de ese dinero. La única financiación del Partido Popular figura, con transparencia, en nuestra contabilidad oficial y real que ha sido siempre auditada por el Tribunal de Cuentas.

Es indignante, por tanto, que Rubalcaba y los suyos se alineen con quien está promoviendo estas calumnias, injurias y falsedades, ignorando las causas abiertas que afrontan dirigentes socialistas de primera fila, más aún, las sentencias condenatorias firmes surgidas de un procedimiento judicial. Bueno es recordar el caso de los ERE de Andalucía, en los que sí se está investigando a altos cargos del Partido Socialista, por presuntos delitos relacionados con el manejo de fondos públicos.

Hacemos nuestras las declaraciones de María Dolores de Cospedal, nuestra secretaria general, que ha llamado a no admitir chantajes de nadie, y mucho menos de personas que se muestran desesperadas ante la imposibilidad de probar el origen de una fortuna millonaria, hasta el punto de hacer público algo tan privado como mensajes de móvil que solo han servido para demostrar una cosa: la mezquindad de Rubalcaba y sus escasos escrúpulos, que le llevan a aprovechar cualquier ocasión para obtener rédito político y desacreditar al rival. Y no es la primera vez que lo hace.

Tolerancia cero con la corrupción, de eso no tenemos ninguna duda en el mayor partido que existe en Europa: el Partido Popular.

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