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CRÓNICAS DESDE EL OTRO LADO

Profesionales al servicio del desarrollo

   

Un joven camboyano alimentando a los alevines en una granja acuícola de AIDA. / DA Amagoia Labarga, junto a una familia de productores acuícolas. / DA Amagoia Labarga (i), junto a Sangha, técnico de AIDA. / DA Acuicultores camboyanos. / DA
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Un joven camboyano alimentando a los alevines en una granja acuícola de AIDA. / DA

JOSÉ LUIS CÁMARA | Santa Cruz de Tenerife

Tras más de una década trabajando en la mejora del nivel de vida de los más desfavorecidos del planeta, se ha convertido en uno de los referentes de la cooperación española en el exterior. No en vano, está presente en una docena de países de varios continentes con cerca de un centenar de proyectos de asistencia y ayuda al desarrollo. Uno de los más ambiciosos está orientado a la promoción de la acuicultura sostenible en Camboya, que coordina la palmera de origen vasco Amagoia Olatz Labarga Hermenegildo. Licenciada en Biología por la Universidad de La Laguna (ULL), la joven lleva dos años trabajando en esta compleja zona del sureste asiático, marcada por el sangriento conflicto de los jemeres rojos y las tensiones permanentes con la vecina Tailandia.

Por indicación de la Agencia Española de Cooperación Internacional y para el Desarrollo (AECID), organismo dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, AIDA realizó una primera identificación en Camboya en 2007, con el objetivo de ofrecer una alternativa sostenible a la agricultura, muy afectada en los últimos años por los desastres naturales y la falta de recursos humanos, técnicos y económicos. “El 75% del aporte proteico en la dieta camboyana procede del consumo de pescado, por lo que había muchas posibilidades de establecer y desarrollar producciones acuícolas”, explica Amagoia, quien también posee un Posgrado en Contaminación Marina por la Universidad de Barcelona y es experta en cooperación y acuicultura.

Su ONG, que trabaja en este mismo ámbito en países como Colombia, Guinea Bissau, Bangladesh, Sri Lanka y Vietnam, ideó para Camboya un proyecto a cuatro años -que está en su fase final- en el cual se promueve un servicio público de extensionismo y se trabaja con el gobierno a nivel central y provincial. En este sentido, “AIDA trabaja directamente con los granjeros, la mayor parte de los cuales apenas sobreviven con 30 dólares al mes”, asegura a este periódico la bióloga, que dirige un equipo formado por 22 personas. “El objetivo final del programa es la seguridad alimentaria y el desarrollo rural de las zonas más desfavorecidas del país”, incide Amagoia Labarga, cuya ONG también está siendo pionera en el estudio de la cuestión de género en el país asiático.

Actualmente, después de tres años y medio de intenso trabajo en cuatro provincias camboyanas (Kratie, Stung Treng, Mondulkiri y Ratanakiri), AIDA asiste a 405 familias (más de un millar de personas) que compran alevines y engordan distintas especies de peces hasta talla comercial. Además, ayuda a otras 12 familias que tienen reproductores, huevos y alevines que comercializan entre otros productores acuícolas. “Lo que pretendemos es que, además para su propio consumo diario, puedan obtener ingresos extra que les permitan, por ejemplo, enviar a sus hijos al colegio o mejorar sus viviendas”. “En definitiva, se trata de mejorar su calidad de vida, tanto a nivel alimentario como económico”, subraya.

El grupo de trabajo de AIDA, amén de cursos de formación, visita mensualmente a todos los productores y les ofrece asesoramiento personalizado, a fin de solventar los problemas y dudas que puedan tener. Además, “realizamos revisiones de las granjas, y si ellos detectan alguna irregularidad, por ejemplo en la calidad del agua, les ayudamos a solucionarlo y mejorarlo”, arguye Amagoia Labarga. El programa, en muy poco tiempo, ha ofrecido enormes resultados, hasta el punto de que uno de los acuicultores formados por la ONG fue premiado por el gobierno camboyano por su capacidad de gestión y difusión a otros productores del país. “El servicio de extensionismo está tomando cuerpo en las provincias donde no existía ningún tipo de control o ayuda similar”, reitera la bióloga canaria, cuyo plan operativo a cuatro años está subvencionado por AECID con más de un millón de euros.

“No se trata sólo de desarrollar un proyecto y terminar la actividad dentro de un año. Pretendemos transferir una serie de conocimientos que son importantes para la mejora de las condiciones de vida y alimentación de buena parte de la población de Camboya, que vive por debajo del umbral de la pobreza”, espeta Amagoia Labarga, quien no obstante también reconoce la existencia de numerosos obstáculos que dificultan la labor de AIDA. “El cambio cultural es uno de los problemas más importantes, porque el modo de trabajar, pensar y actuar es diferente al que nosotros estamos acostumbrados. Hay que adaptarse en muchos sentidos, y el gobierno local no facilita las cosas, ni resuelve carencias básicas a nivel de infraestructuras y burocracia. Aún así, creo que los servicios provinciales han mejorado mucho y, de hecho, están comenzando a ser una referencia para otros departamentos del Estado”, concluye.