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Reducción de la pensión de alimentos – Por Mario Santana

   

O no, a según qué casos. Cuando se produce la ruptura conyugal deben regularse determinadas cosas. Entre ellas la determinación de la pensión de alimentos. El progenitor que no tiene la guarda y custodia deberá abonar una pensión para sufragar los gastos de comida, vestido, educación y demás conceptos necesarios para el desarrollo de los niños. A la cuantificación de la pensión se puede llegar por acuerdo de los progenitores o por imposición del juez. Sea como fuere, no es una cantidad cerrada e inamovible, ya que dispone el artículo 775 de la Ley de Enjuiciamiento Civil que los cónyuges podrán solicitar del tribunal la modificación de medidas convenidas, “siempre que hayan variado sustancialmente las circunstancias tenidas en cuenta al aprobarlas o acordarlas”.

El problema se venía planteando cuando el obligado a pagar la pensión tenía nueva descendencia. Se planteaba que al momento en que se fijó la cuantía de alimentos solo existían los hijos del primer matrimonio, pero que ahora le han nacido gemelos en su segunda relación. Y eso, mírese cómo se mire, supone un cambio de las circunstancias. Dicho de otra forma: antes ganaba un sueldo y tenía dos hijos, y ahora gana el mismo sueldo pero tiene cuatro hijos. Y sabido es que la Constitución garantiza la igualdad ante la ley, sin que puedan darse discriminaciones por razón de nacimiento. Por tanto, los hijos de la segunda relación tienen los mismos derechos a ser asistidos económicamente por sus padres que los hijos de la primera relación. Pero si la cosa estuviera tan clara, sobraban jueces y abogados. ¡Y eso que ni Dios lo quiera! Hasta la sentencia que ahora comento, los tribunales estaban divididos.

Para unos, el nacimiento de nuevos hijos no supone por sí solo una alteración de las circunstancias que permita reducir la pensión de alimentos establecida para los primeros hijos, toda vez que el aumento de la prole deriva de un acto voluntario. Obviamente esta doctrina ignora el concepto de “accidente”. En este sentido ha resuelto la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife. Para otros, sin embargo, el nacimiento de un nuevo hijo es un acontecimiento que altera la situación preexistente. Y si tiene el sueño “virado” ni les cuento la “alteración”. Y por tanto, afirman estos jueces, procede reducir la pensión de alimentos que beneficiaba a los primeros hijos. Así se ha pronunciado la Audiencia Provincial de Las Palmas de Gran Canaria.

Y como la cosa tiene su gracia, el asunto llegó al Tribunal Supremo. La sentencia de 30 de abril pasado sienta jurisprudencia, al afirmar que “el nacimiento de nuevos hijos fruto de una relación posterior no supone, por sí solo, causa suficiente para dar lugar a la modificación de las pensiones alimenticias a favor de los hijos de una anterior relación, sino que es preciso conocer si la capacidad patrimonial o medios económicos del alimentante es insuficiente para hacer frente a esta obligación ya impuesta y a la que resulta de las necesidades de los hijos nacidos con posterioridad”. En el caso enjuiciado se alude a la solvencia económica de la segunda pareja y madre de los nuevos hijos, de forma que si el padre tiene más hijos, pero su situación económica es mejor porque su actual pareja tiene posibles, no cabe pagar menos a los primeros hijos. Discutible lo es, pero acatable, como las lentejas.

*LETRADO | abogado@mariosantana.es