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DESPUÉS DEL PARÉNTESIS >

Retrato – Por Domingo-Luis Hernández

   

La foto es tétrica. No porque muestre a un sujeto deforme, esos personajes famélicos o anormales con que la prensa y las revistas nos suelen sorprender. En realidad es un retrato común (eso parece) en el que un hombre feliz (supuestamente) por los logros, los reconocimientos y las circunstancias se inviste con atuendos adecuados, mira al obturador con gesto oportuno, sonrisa justa y se deja reproducir para sus admiradores.

Posa junto a su pequeña, bella y hoy desesperada hija Paris. Es Michael Jackson y lo funesto es que todo lo que la estampa descubre es irreal. ¿Cómo se puede corroborar que un individuo viva en este mundo como un fantasma?

El asunto no es que hoy se sustancie, se prime, se pague esa irrealidad; la cuestión es preguntarnos por la desproporción, esa carga que a un ser consecuente le resultaría descomunal e intolerable.

Una conclusión se saca de esta historia, de todas formas: la resistencia de ese individuo que (por más) soportó somníferos y drogas hasta donde pudo y tuvo el arrojo de mostrarse (sin un solo desliz) de ese modo, impecable, durante toda su vida, desde cuando era niño y negro hasta cuando fue blanco y mayor.

Está vestido con una camiseta blanca de cuello en pico y una especie de rebeca negra y larga con ribetes plateados. Eso se ve. Y que su mano derecha está protegida por un rico guante de tela y su cabeza está decorada por un abundante y largo pelo oscuro.

Esa exhaustiva marca de la apariencia es lo que es. Pero palpita lo excepcional: que un hombre de origen negro sea blanco y que para rematar la tarea su rostro esté matizado ahí por un colorete ambarino. Turbador. El espectro en su lugar. ¿Qué separó al tal Jackson de su epidermis original? ¿Se resistió a enfrentarse al racismo o quiso confirmar su lugar en la parte del planeta en que vivía porque adujo estar ocupada por blancos? Sus tres hijos son blancos sin excepción, es decir, la carga genética del padre (o eso suponemos) no les fue transmitida. Extraño, porque es posible disolver la piel pero no los genes. ¿Quién, qué fue Michael Jackson?

Se percibe otro rigor en la precisa muestra. Los ojos grandes y negros están contorneados por líneas finas de rímel y los labios amplios y bien definidos son rojos, como los labios con carmín de las mujeres. Híbrido genérico, mujer-hombre, hombre-mujer. Y eso propone un argumento siniestro: ser para otros contrario al ser para sí mismo. ¿Por no aceptarse como tal?

Luego, de condición sexual rara (¿pederasta?) u oculta (¿homosexual?) fue (cual se ha dicho) padre de tres hijos (¿con madres de alquiler?).

Su infancia infame, gracias a un padre que convirtió a sus hijos en mercancía, da con un progenitor diligente y excepcional que defendió la suma felicidad de sus ancestros. Es decir, los anacronismos son la sustancia y uno no sabe bien si por razones de índole patológica (dado lo que vivió) o porque este hombre fue ocupado de manera definitiva por las máscaras.

Tétrico (dije), desde el pigmento de la piel, el paupérrimo estado físico real (pese a los bailes), el insomnio, las adicciones farmacológicas, sus referencias vitales (la música, el dinero, los hijos dichos, lo lúdico…) o que ocultara, entre otras muchas cosas, ser calvo.