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El rombo – Por Leopoldo Fernández

   

El Diccionario de la Lengua define el rombo como “paralelogramo que tiene los lados iguales y dos de sus ángulos mayores que los otros dos”. Pero el rombo ha sido también, durante años, la señal que, en formato único o doble, definía la naturaleza de los contenidos audiovisuales y su recomendación o no en función de la pirámide de edad. En internet, en los cines, ante la televisión o en la cartelera de espectáculos que divulgan los medios informativos, la identificación de los argumentos a que se refieren películas, obras de teatro, documentales, juegos, etc. parece una sana manera de advertir sobre los programas no recomendables para menores de edad, sobre todo en casos de violencia y contenido sexual explícito. Comoquiera que este asunto está dejado de la mano de Dios y carece de una regulación específica -o de existir se halla sujeta a diferentes criterios y regulaciones-, me parece de perlas que el Gobierno, a través del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales, (ICAA), prepare una norma para homogeneizar el tratamiento de esta sensible cuestión. Todo lo que sea proteger a la infancia y ayudar a los padres a filtrar los contenidos de algunos programas redundará en beneficio de una mejor formación de los chavales, dicho sea sin estrecheces morales ni apelaciones a prácticas de otros tiempos felizmente superados. En cualquier caso, ni es buena la anarquía que hoy existe, ni el contenido de muchos programas, sobre todo los llamados reality show, se presta a que sean vistos por menores, aunque algunos de ellos se emiten a horas inadecuadas. Del buen tino del ICAA, máximo responsable de la planificación de las políticas de apoyo al sector cinematográfico y a la producción audiovisual española en general, cabe esperar un acuerdo razonable que satisfaga a todos y que especialmente permita crear un ambiente protector para la infancia y la adolescencia, en línea con la Convención de los Derechos del Niño, las recomendaciones de Unicef, los Objetivos de Desarrollo del Milenio y las directrices sobre el buen uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. El Gobierno señala a este respecto que “la armonización de los sistemas de calificación por edades es un objetivo en el que deben estar implicados los diferentes departamentos ministeriales interesados y los grupos parlamentarios”. Y añade que la efectividad del sistema “pasa por su aplicación y difusión universales, con independencia del canal o ventana de exhibición”. Yo agrego que se trata de una orientación, recomendación e información a los padres para que sepan a qué atenerse y decidan en libertad sobre lo que conviene o no que vean sus hijos.